527 Other Lives. Black Tables.

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Es bueno verte de nuevo

¿Qué prefieres, tener pequeños éxitos a lo largo de tu carrera, o componer una canción perfecta, por la que serás recordado dentro de muchos años, pero que oscurecerá el resto de tu trabajo? Me imagino que esta es una pregunta que se habrán hecho muchos músicos a lo largo del tiempo. Y seguro que también se la han planteado los músicos de Other Lives (originalmente llamados Kunek) una banda de Oklahoma que en 2008 dio el pelotazo con el tema Black Tables, incluido en su álbum homónimo, y que no han vuelto a dar en la diana. Desde entonces la canción ha aparecido en no menos de cinco series de televisión, entre ellas Anatomía de Grey. La tengo guardada en mi “nevera” de canciones desde mucho antes de empezar este blog y cada año vuelvo a ella varias veces.  Me gusta como fluye lentamente con ese aire misterioso, desde el piano que va dando paso al chelo de Jessy Hsu, hasta la característica voz de Jesse Tabish, recitando como en una letanía “con tu cuerpo y tu mente recuperados, es bueno verte de nuevo”. Una de esas canciones que te transporta desde el frío del invierno a la esperanza del sol que tiene que llegar.

526 Franz Halász. Secret Love (Toru Takemitsu Arr.).

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Amor secreto, sin azúcar

Toru Takemitsu (1930-1996) fue uno de los grandes compositores japoneses del siglo XX, cuya trayectoria es difícil de resumir en unas pocas líneas. Músico vanguardista influido, entre otros, por Messiaen y John Cage, en gran parte de su obra buscó una síntesis entre la música culta occidental y la tradición folclórica de su país. Takemitsu trabajó también de forma asidua en el mundo del cine y la televisión (realizó más de 100 bandas sonoras para, entre otros, Kurosawa, Oshima o Imamura). Entre sus piezas más asequibles y quizás más conocidos se encuentra su transcripción de 12 canciones para guitarra, sobre composiciones de Lennon & McCartney, Over the Rainbow, el Summertime de Gershwin o esta recreación del standard Secret Love, entre otras. Las partituras son bastante conocidas, especialmente por los estudiantes de guitarra y se han convertido casi en transcripciones canónicas. Volviendo a Secret Love, el tema de Sammy Fain que llevó a la fama Doris Day en los años 50, es cierto que ha sido versioneado infinidad de veces. Pero la reinvención de Takemitsu elimina todo el almibar de la canción original potenciando, si cabe, la evocadora y melancólica melodía. Cabe destacar la delicada interpretación del guitarrista austríaco Franz Halász, de gran finura en el tono y el toque.

525 High Highs. Ocean To City.

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Del océano a la gran ciudad

Esta semana pasada las revistas indies anglosajonas y las radios más al día han prestado bastante atención al lanzamiento del EP “Ocean to City and Some Sketches” de la banda australiana High Highs, donde se incluye la brillante Ocean to City, uno de esos temas que se te meten en la cabeza y ya no sabes que hacer para olvidarlo. Compuesta por el cantante y guitarrista Jack Milas y el teclista Oli Chang, High Highs recuerdan a lo mejor del pop de los 80, entre otras referencias, con su intrincada textura de guitarras y sintetizadores, las acogedoras armonías vocales y unas emocionantes melodías. En una primera escucha, los falsetes de Milas me recordaron inmediatamente a Vampire Weekend y al leer un poco sobre ellos he descubierto que han sido sus teloneros suyos en la gira norteamericana del pasado año. No sólo merece la pena este EP -cuyo título habla del salto del dúo desde su Sidney natal hasta Brooklyn en Nueva York, donde viven ahora-, sino que os aconsejo escuchar también su anterior LP “Open Season”, de 2013.

524 Vangelis. Rachel Song (Blade Runner).

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La canción de Raquel o ¿quiénes somos de verdad?

Compuesta por Vangelis para ser incluida en la banda sonora de Blade Runner, la cinta dirigida por Ridley Scott en 1982, la misteriosa y sensual Rachel Song estaba pensada para subrayar las crecientes dudas de Rachel sobre su identidad humana, tras la conversación con Deckard. Pero finalmente el director británico la desechó y eligió en su lugar la también maravillosa “Memories of Green”. Al principio la película no tuvo excesivo éxito (por no decir que fue un fracaso de público) por lo que, increíblemente, los productores optaron por publicar una versión orquestal de la banda sonora. Pero el boca a oreja sobre la película fue creciendo poco a poco y provocó que doce años más tarde se editase finalmente la banda sonora con los temas aparecidos en el film, incluyendo otros que finalmente se desecharon, como esta Rachel Song. Dado el creciente número de fans que buscaban desesperadamente material extra de la película, en 2007 se editó un set con 3 cedés conteniendo casi toda la música del film, incluyendo la incidental, la orquestal, etc. Y me paro aquí, porque después han ido apareciendo ediciones piratas (incluyendo una de un ingeniero de sonido del film) con todo el material imaginable. Por cierto, la voz que aparece en la canción es la de la galesa Mary Hopkin, que también tiene su propia historia…

523 Christina & Michelle Naughton. Allegro Brillante Op 92 en la mayor (Felix Mendelssohn).

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El misterio de la sincronización

¿Qué pasará por la mente de dos hermanas gemelas cuando tocan el piano juntas? Christina y Michelle Naughton llevan tanto tiempo haciéndolo que han ajustado el timing de las interpretaciones hasta el límite. Cada una espera que llegue su parte para poder entrar, mientras la hermana le da el relevo, casi con alegría y así sucesivamente. La sincronización es tan perfecta que es como si olvidaran que están tocando juntas. Aunque nacidas en Princeton (Nueva Jersey), han pasado toda su infancia en Madison (Wisconsin), donde su madre, pianista aficionada, comenzó a enseñarles a tocar el piano a los 4 años. Desde entonces han seguido estudiando hasta graduarse el pasado año en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York, donde viven actualmente. Llevan tocando en público desde pequeñas pero, curiosamente, lo hacían de forma separada. Hasta que hace ocho años el presentador de una gala les pidió una pieza conjunta y desde entonces ya no se han separado en los escenarios, donde suelen alternar las piezas a cuatro manos y las escritas para dos pianos. En este exuberante Allegro Brillante Op 92 en la mayor, que Félix Mendelssohn compuso en 1841 para sus amigos Clara y Robert Schumann, ambas tocan con una facilidad pasmosa, yendo y viniendo en oleadas y transmitiendo su diversión al espectador. Y eso que la pieza exige una gran precisión en las escalas a lo scherzo y en sus revoltosos staccato. El tema está incluido en su disco ‘Piano Duets’ (Orfeo, 2012).

522 Mamer. Mountain Wind.

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El viento de las praderas

La mezcla de armonías de la música tradicional kazaja, ecos del folk norteamericano y su profunda voz dan como resultado el fascinante mundo de Mamer. Nacido en la región china de Xinjiang, fronteriza con Kazajistán, además de cantante y compositor Mamer es un excelente guitarrista, estimable intérprete de dombra (una especie de laúd de dos cuerdas) y del arpa de boca. Que yo sepa hasta el momento solo ha editado un álbum, ‘Eagle’ (Real World Records, 2009) en el que contó con la colaboración de Bela Fleck y Hector Zazou, con un sonido envolvente y misterioso. En el disco hay grandes temas, como el propio Eagle, además de Iligai, Celebration o este Mountain Wind, cuya melodía y coros van llenando la canción, como ese viento que baja de la montaña y poco a poco va empujando las nubes hasta descargar la tormenta en la pradera. La canción habla de un joven kazajo obligado a unirse al ejército ruso en 1916 para luchar en la I Guerra Mundial. El muchacho añora a sus padres y su tierra y no encuentra sentido en irse tan lejos a luchar en una guerra que no le interesa.

521 José André Montaño. Autumn Leaves.

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¿Dónde se guarda el “software” de la música?

¿Cómo almacena el cerebro el “software” necesario para tocar música? ¿Por qué hay personas que ya lo llevan instalado y otras parece que nunca lo podrán conseguir? ¿Por qué hay tantos grandes pianistas invidentes? Estas reflexiones me han venido a la mente escuchando al jovencísimo José André Montaño que toca como si llevara años madurando en clubes de jazz. Nacido en Cochabamba (Bolivia) en 2005, su ceguera de nacimiento no fue obstáculo para aprender a tocar el piano de forma autodidacta. Ya con cuatro años comenzó con un teclado que le regaló su padre y luego amplió su interés a instrumentos de percusión (especialmente la batería) e incluso la armónica. Desde hace un par de años lidera su propio grupo de jazz con el que ha grabado un álbum (“Ama a todos”), que incluye composiciones propias, además de temas folklóricos, bossa nova y standards de jazz. En este vídeo interpreta el clásico Autumn Leaves, con nada menos que Stankey Jordan como público, con un swing y un aplomo impropios de sus (entonces) 8 años de edad.

520 Eva Cassidy. Time After Time.

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Si las manecillas del reloj giraran al revés

Cuando Rob Hyman y Cindy Lauper compusieron esta canción allá por 1983 no se podían ni imaginar que Time after Time se iba a convertir en una de las grandes baladas del pop. Fusión perfecta entre melodía y mensaje el tema es un bálsamo para el alma. En momentos de dolor, cuando recuerdo a seres queridos que ya no están conmigo, me vienen a la cabeza estos versos: “Si estás perdido, puedes mirar y me encontrarás, una y otra vez; si te caes, te sujetaré, estaré esperando, una y otra vez”. Habré escuchado esta canción cientos de veces, en decenas de voces diferentes y siempre consigue engancharme. Todavía recuerdo la emocionante versión de Miles Davis a la trompeta, en el legendario concierto de 1989 en el Palacio de los Deportes de Madrid. Pero si tuviera que elegir me quedo con esta delicada, sentida y casi dolorosa interpretación de la ya desaparecida Eva Cassidy. El corazón como interlocutor entre la memoria y la pérdida. “De vez en cuando me imaginas, caminando muy por delante de ti; tú me llamas, pero no puedo escuchar lo que has dicho. Entonces dices, “ve más despacio”; yo me quedo atrás y las manecillas del reloj giran al revés…”.

519 Playing for Change. Higher Ground.

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Cambiar el mundo

Uno de los (re) descubrimientos que he hecho este verano ha sido el del proyecto Playing for Change que, desde hace casi una década, viene reuniendo a músicos poco conocidos de los cinco continentes a los que Mark Johnson y su pequeño equipo graban en sus propios países. Johnson remezcla posteriormente lo grabado en un alarde de producción con un resultado, en muchos casos, excelente. Un buen ejemplo sería esta emocionante versión del tema Higher Ground de Stevie Wonder, un alegato contra la guerra en el que, aunque todos los músicos están a un gran nivel, destacan la guitarra slide de Roberto Luti y las voces de Titi Tsira y Clarence Bekker (¡grande!). A destacar la aparición como invitado de Toumani Diabate a la kora. La canción está incluida en “PFC 2. Songs around the world” que, además de las canciones incluye  el vídeo con las grabaciones de las mismas.

518 Grigory Sokolov. La poule.

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Cocoricó                                                                                        

La gallina (La poule) es una de las obras maestras de Jean-Philippe Rameau quien, según afirmaba Saint-Saëns, “fue uno de los mayores genios musicales que ha dado Francia”. Pero dejemos para otro momento la biografía de Rameau (la cual, además, daría para varios volúmenes) y centrémonos en esta deliciosa pieza, una de mis preferidas tanto en su versión original para clavecín como en sus transcripciones para piano. Bajo la aparente sencillez del tema central, el obsesivo bajo que remite al cacareo de la gallina (en las notas de apertura Rameau indica ‘co co co co co coco dai’), se esconde una pieza de gran complejidad técnica que, sin olvidar la ironía, basa su fuerza en la alternancia entre tensión y relajación. Ya sólo las ornamentaciones en torno a las cinco notas centrales, que recuerdan también al correteo de la gallina y al picoteo del grano, exigen del intérprete una gran destreza en ambas manos (el ostinato en la izquierda y las modulaciones de acordes en la derecha) para las cuales, además, es clave la velocidad de la ejecución. Dicha complejidad ha convertido esta obra en habitual en los conciertos de clavecín (son muy buenas las versiones de Ross, Kiener o Gilbert, entre otros) y de piano. Entre las que he escuchado, me sigue gustando especialmente la gran interpretación de Grigory Sokolov, en la que el excéntrico pianista ruso imprime una gran vivacidad (en directo aún más, si cabe, que en el disco), sin perder la elegancia y el sentido rítmico de la pieza.

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