512 Kwabs. Last Stand.

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Gospel y electrónica

De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el panorama del R&B británico, a ver qué se cuece por allí, y siempre encuentro cosas interesantes. Una de las jóvenes promesas de la que se está hablando mucho es el cantante y compositor Kwabs (nacido Kwabena Adjepong), hijo de emigrantes ghaneses y que ha crecido en el sur de Londres. Con apenas 23 años de edad algunos medios lo comparan ya con Seal o James Blake. Y la verdad es que dispone de buenos argumentos para defender esta opinión: una fantástica voz de barítono y muy buen gusto en las composiciones. Pero Kwabs, además, tiene personalidad: compone sus propios temas, ha conseguido que la crítica se fije en él y que los mejores productores se lo rifen. Quien se ha llevado el gato al agua es Sohn, un productor británico afincado en Viena, que ha trabajado con Lana del Rey o Banks, y que es responsable del complejo sonido de sus dos EP y del futuro primer álbum, que aparecerá en otoño. El tema que os dejo, el magnífico Last Stand, una contenida mezcla entre la frialdad de la electrónica y el sentimiento del gospel, estaba incluido en el primer epé (Wrong or Right).

513 Zürcher Sängerknaben. Sancta mater, istud agas (Stabat Mater, Pergolesi).

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Estaba la madre sufriendo

El Stabat Mater Dolorosa está considerado como uno de los grandes himnos en latín, un poema sacro que narra la muerte de Cristo en la cruz visto desde la perspectiva de su madre, María. Aunque durante mucho tiempo la obra se atribuyó al papa Inocencio III, actualmente los especialistas piensan que fue compuesta por el franciscano Jacopone de Todi (1230-1306), que lo escribió con palabras sencillas para que pudiera ser entendido por todo el mundo. Muy pronto se incluyó en la liturgia de la misa y compositores de todas las épocas lo han musicado, entre ellos Palestrina, Haydn, Vivaldi, Poulenc o Penderecki, por sólo citar unos pocos. Pero es la versión de Giovanni Battista Pergolesi la que ha perdurado y se ha interpretado en más ocasiones, incluso con traslaciones propias de, entre otros, Bach o Salieri. Cuando se habla de “Stabat Mater”, se piensa generalmente en ella. Estrenada en 1736 (el mismo año de la prematura muerte de su autor, a los 26 años), se compuso originalmente para dos castrados (la Iglesia prohibía a las mujeres cantar en las iglesias), y para orquesta de cuerda y bajo continuo. De alguna manera, esta obra barroca inicia el clasicismo del XVIII por el delicado equilibrio entre música sacra y teatral, la claridad de líneas y su sencillez estilística. Como podéis comprender hay decenas (si no centenares) de versiones, entre las que me gustaría citar las de René Jacobs y el Concerto Vocale, la de Harnoncourt o la de Negri (con Freni y Berganza). Pero, aunque no sea tan conocida, me encanta la de los Zürcher Sängerknaben (El coro de niños de Zúrich) con el niño soprano Jonah Schenkel y el contratenor Alex Potter, junto a la Baroque Orchestra Capriccio y la dirección de Alphons von Aarburg. El que escuchamos es el noveno de los doce movimientos que componen la obra, el Sancta mater, istud agas, un dueto en “tempo giusto”.

 

511 Rodrigo y Gabriela. Hanuman.

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A Santana, con cariño

Los que siguen hace tiempo estas Canciones…, quizás recuerden la extraordinaria “Tacumán” (http://wp.me/p1teSc-9H), de hace cuatro años (cómo pasa el tiempo….). Pues bien, Rodrigo y Gabriela vuelven a aparecer por aquí con un extraordinario tema Hanuman que, en cuanto lo escuchéis, os sonará a conocido. Incluido en su álbum “11:11″ de 2009 se trata, efectivamente, de un sorprendente tributo a Carlos Santana, uno de los ídolos de esta pareja mexicana; un tema que recrea el dramatismo y la complejidad de la música del guitarrista chicano a la que añaden su propia personalidad (no os perdáis los tremendos punteos del final). En el citado álbum, Rodrigo Sánchez y Gabriela Quintero dan un salto estilístico y técnico. Pasan de tocar sus temas en crudo a unos arreglos más trabajados, con la inclusión de instrumentos como el violín y una mayor variedad en las composiciones. Los once temas del álbum en realidad son otros tantos homenajes a los músicos que les han influido, desde Jimi Hendrix o Pink Floyd a Michael Camilo, pasando por Astor Piazzola o John McLaughlin, entre otros. De tocar en un grupo de heavy en México DF a principios de siglo R&G saltaron a Europa donde, en Irlanda, dieron la campanada con su rock de guitarras acústicas llegando a ser número 1 en las listas. Tras el descanso en 2010  obligado por una lesión en la mano de Gabriela, el dúo ha colaborado con Hans Zimmer en la BSO de Piratas del Caribe, actuado para los presidentes de Estados Unidos y México y grabado con músicos cubanos. Y lo que les queda.

510 Roberta Flack. Here, There and Everywhere.

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Aquí, allí y en todas partes

Cuando hacía tiempo que parecía haber desaparecido, a pesar de que había ido publicando discos de manera regular, y lo único que quedaba de ella era la eterna “Killing me Softly with his Song” en recopilaciones de música setentera, resulta que hace un par de años Roberta Flack regresó con fuerza atreviéndose con un álbum de versiones de Los Beatles (Let It Be Roberta: Roberta Flack Sings The Beatles). Ahí es nada, porque ella sabía que luchaba contra el fantasma de canciones eternas, grabadas a fuego en el inconsciente colectivo. Pero consigue salir airosa del empeño trabajando cada tema con nuevos ritmos y arreglos contemporáneos. Como en “In my Life” que transforma en un reggae, un “We Can Work it Out” con nuevas líneas de guitarra, una “Oh Daling” en plan soul o este Here, There and Everywhere, que hace suyo llevándolo al terreno del jazz y convirtiéndolo en un lamento íntimo. Que me disculpen los puristas de los “Fab4″, pero me he divertido mucho escuchando este disco de la señora Flack, que ha vuelto por sus fueros.

509 Sophie Milman. I can’t make you love me.

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Con las luces apagadas

I can’t make you love me es uno de esos temas que la primera vez que lo escuchas piensas al momento que se trata de un clásico, de esos que han debido de tocar todos los grandes del jazz. Pero resulta que no, ya que lo compusieron en 1991, un par de músicos de Nashville Mike Reid y Allen Shamblin quienes, en un principio, le dieron un ritmo de bluegrass. Más adelante, al bajarle el tempo, se dieron cuenta de que mejoraba y de que habían compuesto un posible éxito. Pensaron en tres cantantes para interpretarlo, Linda Ronstadt, Bette Midler y Bonnie Raitt y fue esta última la que finalmente lo grabó. El éxito fue instantáneo y en la veintena de años que han transcurrido desde entonces la han interpretado decenas de artistas, desde George Michael o Bruce Hornsby hasta Adele o Prince, por citar sólo algunos. Entre todas las versiones que he escuchado me sigue gustando especialmente la de Sophie Milman, con su elegante voz y una gran sensualidad al interpretarla, apoyada en los arreglos y el excelente piano de Paul Shrofel. De ascendencia judía, Milman nació en Rusia y su familia, tras emigrar a Israel, se instaló posteriormente en Canadá. Hasta el momento ha editado cuatro álbumes con excelentes versiones de standards del jazz y entre los que recomiendo el último (Take Love Easy, 2009), en el que está incluido este “No puedo hacer que me quieras”, que hay que escuchar, preferentemente, con las luces apagadas y olvidándose del mundo por unos minutos.

508 Ablaye Cissoko & Volker Goetze. Bouba.

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Un mensaje de esperanza

No sé qué maravilloso azar permitió que cruzaran sus caminos Ablaye Cissoko, un griot senegalés considerado uno de los mejores intérpretes de la kora de 21 cuerdas, con Volker Goetze, un trompetista germano que vive habitualmente en Nueva York y al que es habitual ver en festivales de jazz de todo el mundo. Porque ese encuentro ha producido una de esas fusiones en las que el conjunto vale mucho más que las partes y creando unos sonidos que traspasan fronteras y dejan un poso de calma y quietud, tocada por la gracia. En la pareja Cissoko lleva la batuta ya que, además de tocar la kora como un virtuoso, canta de forma profundamente emotiva. Pero Goetze también aporta lo suyo: compone la música y se encarga de puntear delicadamente cada tema con su trompeta, creando una atmósfera etérea, casi mágica. Hasta ahora el dúo ha editado dos trabajos -Sira, 2009 y Amanke Dionti, 2012-, el segundo de los cuales se grabó en la capilla de madera del Buen Socorro de París. Ambos álbumes son absolutamente recomendables, pero para empezar a saborear su música me decanto por este delicioso Bouba, incluido en el primero. Y no olvido que las letras de las canciones, compuestas por Cissoko, a la vez que denuncian la explotación y la corrupción, hablan de tolerancia y respeto por la cultura y los sueños de sus compatriotas africanos, en un mensaje de esperanzador.

507 Anne Gastinel & Pablo Márquez. Danza española nº 5, Andaluza (Granados).

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Chelo y guitarra, la pareja perfecta

Consideradas entre las máximas aportaciones al repertorio pianístico español del siglo XIX, las doce Danzas españolas para piano, Opus 37 de Enrique Granados siguen siendo un enigma para los especialistas. Aunque es cierto que todavía no alcanzan la complejidad de Goyescas, por ejemplo, sorprende sin embargo la madurez y el virtuosismo en el manejo de los ritmos en una composición de juventud si es cierto, como el propio Granados afirma, que las escribió en 1883, cuando apenas tenía 16 años. Cuando las consiguió publicar en 1890, fueron todo un éxito a nivel internacional, y el autor catalán recibió elogios de compositores de la talla de Grieg, Massenet o Saint-Saëns, entre otros. Entre ellas, quizás la danza más conocida sea la número 5, un andantino, quasi allegretto, denominada Playera o, más comúnmente, Andaluza, debido a su evidente aire flamenco. Hay muchas versiones al piano de esta hermosa pieza, pero apenas se han escrito transcripciones para violonchelo y guitarra española. Por eso me gusta, entre otras razones, esta interpretación. Mientras, con una técnica impoluta, la francesa Anne Gastinel aporta un elegante aire español, pleno de matices en los adornos y rubatos, el argentino Pablo Márquez no se queda atrás y supera su mero papel de acompañante con un toque delicado, de virtuoso. Y si queréis más, os recomiendo la escucha del soberbio álbum “Ibérica”, donde se incluye esta danza, con obras de Falla, Granados y Cassadó.

506 The Soil. Joy.

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La alegría de cantar

Procedentes de Soweto, en Johannesburgo, The Soil (La tierra) se ha convertido en toda una sensación en la música sudafricana, con sus álbumes alcanzando los discos de platino, actuaciones en festivales de jazz, giras internacionales, etc. Formado por Buhlebendalo Mda (la chica) y los hermanos Luphindo y Ntsika Fana Ngxanga, practican lo que ellos mismos denominan kasi soul, “medicina melódica para el alma”, una mezcla de soul, jazz, afropop y algo de rap que pone al día la música de Ladysmith Black Mambazo, Miriam Makeba o Simphiwe Dan, entre otros músicos que les han influido. Sólo con sus voces acapella y contando historias de su tierra donde sin olvidar la violencia, el SIDA o la pobreza, aluden siempre a la esperanza, al amor o, como en este tema, a la alegría (Joy). Una historia de superación que hunde las raíces en su comunidad donde, junto a sus padres y abuelos, empezaban cantando en la iglesia para seguir luego con sus amigos, por diversión y para ver quién lo hacía mejor, por el puro placer de cantar. Sin conocimientos de música y sin instrumentos -casi nadie podía permitirse una guitarra y mucho menos un piano-, se las apañaron para salir del gueto. Pero ellos ni olvidan ni reniegan de sus raíces, y siguen cantando en celebraciones, en manifestaciones, en la iglesia…

505 Tom Odell. Grow Old With Me.

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Una estrella en potencia

La crítica le ha comparado con Cat Stevens o Jeff Buckley y especialmente con el mismísimo Elton John, por su facilidad para cantar, tocar el piano y, ante todo, componer grandes canciones, aunque con una gran diferencia, porque él escribe sus propias letras. El caso es que Tom Odell se ha hecho ya un buen hueco en la música británica, habiendo despuntado en 2012 con su EP Songs from Another Love, que un año más tarde se convirtió en su largo de debut, Long Way Down. Un disco en el que la mayoría de las diez canciones (cinco más en la edición de lujo) pasan el corte con notables (Sirens, Hold me, Can’t Pretend), sobresalientes (Sense, I Know, Another Love) y alguna matrícula de honor, como Till I Lost y esta fantástica, Grow Old With me. Sorprende que el álbum esté compuesto de baladas con historias de pérdidas, amores imposibles o tristes dramas de pareja, de una madurez inesperada para un chaval de apenas 24 años. Ya veremos lo que el peso de los años va añadiendo a la música de esta estrella en potencia.

504 Steve Howe. The Ancient.

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Los mil matices de la guitarra

Recuperar los viejos vinilos de Yes ha servido para que recordase mi antigua admiración por la voz de Jon Anderson y los teclados de Rick Wakeman pero, sobre todo, para redescubrir el virtuosismo y la enorme calidad de Steve Howe como guitarrista. Un músico que ha sabido envejecer con dignidad y escapar de la pesada carga de haber sido el guitarrista solista de una de las grandes bandas del “rock progresivo”. Compaginando sus idas y venidas de Yes, Asia o las diversas colaboraciones con sus amigos Anderson, Hackett o Palmer, entre otros, Howe ha editado más de veinte álbumes con su propio nombre, no todos buenos, pero en los que siempre sobresale su gran pasión por la guitarra. Un instrumento del que, por cierto, posee una colección de más de 125 ejemplares y del que siempre hace un despliegue apabullante, entre mandolinas, guitarras acústicas, steels y banjos junto a ejemplares con nombres míticos como Martin, Fender o Gibson. Pero sigo añorando la versatilidad y los matices de los solos psicodélicos, jazzísticos o barrocos que colaba entre medias de las canciones de Yes. Por eso me gustan tanto sus recreaciones acústicas de viejos temas de la banda, donde demuestra no sólo su gran virtuosismo sino también una gran calidad como compositor. Como sucede en este fantástico The Ancient, incluido en el séptimo disco de Yes, Tales from Topographic Oceans.

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