521 José André Montaño. Autumn Leaves.

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¿Dónde se guarda el “software” de la música?

¿Cómo almacena el cerebro el “software” necesario para tocar música? ¿Por qué hay personas que ya lo llevan instalado y otras parece que nunca lo podrán conseguir? ¿Por qué hay tantos grandes pianistas invidentes? Estas reflexiones me han venido a la mente escuchando al jovencísimo José André Montaño que toca como si llevara años madurando en clubes de jazz. Nacido en Cochabamba (Bolivia) en 2005, su ceguera de nacimiento no fue obstáculo para aprender a tocar el piano de forma autodidacta. Ya con cuatro años comenzó con un teclado que le regaló su padre y luego amplió su interés a instrumentos de percusión (especialmente la batería) e incluso la armónica. Desde hace un par de años lidera su propio grupo de jazz con el que ha grabado un álbum (“Ama a todos”), que incluye composiciones propias, además de temas folklóricos, bossa nova y standards de jazz. En este vídeo interpreta el clásico Autumn Leaves, con nada menos que Stankey Jordan como público, con un swing y un aplomo impropios de sus (entonces) 8 años de edad.

520 Eva Cassidy. Time After Time.

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Si las manecillas del reloj giraran al revés

Cuando Rob Hyman y Cindy Lauper compusieron esta canción allá por 1983 no se podían ni imaginar que Time after Time se iba a convertir en una de las grandes baladas del pop. Fusión perfecta entre melodía y mensaje el tema es un bálsamo para el alma. En momentos de dolor, cuando recuerdo a seres queridos que ya no están conmigo, me vienen a la cabeza estos versos: “Si estás perdido, puedes mirar y me encontrarás, una y otra vez; si te caes, te sujetaré, estaré esperando, una y otra vez”. Habré escuchado esta canción cientos de veces, en decenas de voces diferentes y siempre consigue engancharme. Todavía recuerdo la emocionante versión de Miles Davis a la trompeta, en el legendario concierto de 1989 en el Palacio de los Deportes de Madrid. Pero si tuviera que elegir me quedo con esta delicada, sentida y casi dolorosa interpretación de la ya desaparecida Eva Cassidy. El corazón como interlocutor entre la memoria y la pérdida. “De vez en cuando me imaginas, caminando muy por delante de ti; tú me llamas, pero no puedo escuchar lo que has dicho. Entonces dices, “ve más despacio”; yo me quedo atrás y las manecillas del reloj giran al revés…”.

519 Playing for Change. Higher Ground.

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Cambiar el mundo

Uno de los (re) descubrimientos que he hecho este verano ha sido el del proyecto Playing for Change que, desde hace casi una década, viene reuniendo a músicos poco conocidos de los cinco continentes a los que Mark Johnson y su pequeño equipo graban en sus propios países. Johnson remezcla posteriormente lo grabado en un alarde de producción con un resultado, en muchos casos, excelente. Un buen ejemplo sería esta emocionante versión del tema Higher Ground de Stevie Wonder, un alegato contra la guerra en el que, aunque todos los músicos están a un gran nivel, destacan la guitarra slide de Roberto Luti y las voces de Titi Tsira y Clarence Bekker (¡grande!). A destacar la aparición como invitado de Toumani Diabate a la kora. La canción está incluida en “PFC 2. Songs around the world” que, además de las canciones incluye  el vídeo con las grabaciones de las mismas.

518 Grigory Sokolov. La poule.

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Cocoricó                                                                                        

La gallina (La poule) es una de las obras maestras de Jean-Philippe Rameau quien, según afirmaba Saint-Saëns, “fue uno de los mayores genios musicales que ha dado Francia”. Pero dejemos para otro momento la biografía de Rameau (la cual, además, daría para varios volúmenes) y centrémonos en esta deliciosa pieza, una de mis preferidas tanto en su versión original para clavecín como en sus transcripciones para piano. Bajo la aparente sencillez del tema central, el obsesivo bajo que remite al cacareo de la gallina (en las notas de apertura Rameau indica ‘co co co co co coco dai’), se esconde una pieza de gran complejidad técnica que, sin olvidar la ironía, basa su fuerza en la alternancia entre tensión y relajación. Ya sólo las ornamentaciones en torno a las cinco notas centrales, que recuerdan también al correteo de la gallina y al picoteo del grano, exigen del intérprete una gran destreza en ambas manos (el ostinato en la izquierda y las modulaciones de acordes en la derecha) para las cuales, además, es clave la velocidad de la ejecución. Dicha complejidad ha convertido esta obra en habitual en los conciertos de clavecín (son muy buenas las versiones de Ross, Kiener o Gilbert, entre otros) y de piano. Entre las que he escuchado, me sigue gustando especialmente la gran interpretación de Grigory Sokolov, en la que el excéntrico pianista ruso imprime una gran vivacidad (en directo aún más, si cabe, que en el disco), sin perder la elegancia y el sentido rítmico de la pieza.

517 Lake Street Dive (Rachel Price). What I’m Doing Here.

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Clásico al nacer

Descubrí a Lake Street Dive hace un par de años con una versión del “I want you back” de los Jackson Five, incluida en su EP Fun Machine, donde ya destacaba la estupenda presencia de Rachel Price y el grupo mostraba sus credenciales: pop elegante de buena factura con aromas de R&B, un toque retro y una cuidada estética, que les había empezado a abrir las puertas de algunos clubs de Boston. Aunque habitualmente sus directos eran acústicos, comenzaban a electrificarse y a incluir  pianos, acordeones, violines, etc. Pero en este tiempo LSD ha dado un salto de gigante, con una Rachel convertida casi en una estrella, con una voz espectacular y componiendo, además, su propios temas, como este impresionante What I’m doing here que, aunque lo parezca, no es un clásico del jazz. Además de componerlo, Rachel lo interpreta con una fuerza y una emoción que arrastran. El tema no está incluido en el último álbum del grupo, Bad Self Portraits, y sólo se encuentra en formato de vinilo de 7 pulgadas.

516 Villagers. Nothing arrived.

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La anodina existencia de Terrence Bliss

Debo agradecer a Liam, un seguidor irlandés de este blog, la referencia a Villagers, una banda desconocida para mi pero que últimamente no paro de escuchar. Formado en 2008 en Dublín, el grupo en realidad es la criatura del guitarrista, cantante y compositor Conor O’Brien que, sólo por parir este fantástico Nothing arrived, ya merece que nos fijemos en él. Con una poderosa melodía que mezcla piano y guitarra, la voz de Conor y las armonías del resto de la banda, es un buen trema para empezar la temporada del blog. El estupendo vídeo, dirigido por Alden Volney, cuenta la desastrosa vida de un tal Terrence Bliss, un oficinista tímido y solitario cuya anodina existencia puede que cambie algún día… o no. “Esperé que algo pasara y ese algo murió. Así que esperé que nada pasara y nada pasó“.

515 Stefan Jackiw. Nocturno n°20 en do sostenido menor (Chopin).

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Nocturna emoción

Este emotivo Nocturno nº 20 en do sostenido menor, lento con gran espressione, fue compuesto por Chopin en su periodo romántico, en 1830, aunque se publicó 26 años después de su muerte, sin número de opus. La que a veces se califica como Reminiscencia es una de las piezas más conocidas del pianista y compositor polaco, que dedicó a su hermana mayor Ludwika. Al final hay una coda que supone una de las mayores dificultades de la pieza, ya que el intérprete debe hacer frente a escalas ascendentes y descendentes muy rápidas en la mano derecha, de las cuales la más larga es de treinta y cinco notas. Este nocturno es de los temas centrales de la película El pianista, de Roman Polanski, aunque en la cinta nunca se llega a escuchar completo. Es muy conocida la anécdota de la superviviente del holocausto Natalia Karp, que la tocó para Amon Göth, comandante del campo de concentración polaco de Plaszow (el villano de “La lista de Schindler”, de Spielberg), el cual quedó tan impresionado que perdonó la vida de la intérprete. En 1935 Nathan Milstein realizó una transcripción de la pieza para violín y piano, que ha servido de modelo para la mayoría de los violinistas. Y esta, sin el acompañamiento del teclado, es la que escuchamos en esta increíble interpretación del violinista norteamericano Stefan Jackiw, plena de sensibilidad y sutileza, con un final que deja sin aliento. Nacido en Boston, de madre coreana y padre de origen ucraniano, Jackiw es un virtuoso que estudió con el famoso método Suzuki. Comenzó a tocar el violín a los 4 años y a los 12 dio su primer concierto. Ha tocado con la orquestas y directores más importantes del mundo y es habitual en los grandes festivales de música clásica. Sus instrumentos son también bastante conocidos, ya que el violín es un auténtico Ruggieri, fabricado en Cremona en 1704 y el arco, un Voirin francés de mediados del XIX.

 

514 Feist. Secret Heart.

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Corazón secreto

Es extraño que hasta ahora no haya colgado aquí nada de Leslie Feist, una de mis cantantes y compositoras preferidas. Y eso que la hemos ido rondando, porque a lo largo de su carrera ha colaborado con músicos que han aparecido en el blog, como el sueco-argentino José González (http://wp.me/p1teSc-4U), los noruegos Kings of Convenience (http://wp.me/p1teSc-5K) o el mismísimo Chilly Gonzales (http://wp.me/p1teSc-Ig). Éste la ayudó en la producción y como músico acompañante en su segundo largo, Let it Die (2004), en el que estaba incluido este estupendo Secret Heart, que no está compuesto por ella, sino por otro interesante músico canadiense, Ron Sexsmith. Pero esta ya es otra historia. Feist comenzó su carrera como vocalista dentro de la música independiente canadiense, etapa en la que colabroró con la banda Broken Social Scene, pero un problema en la voz la obligó a replantearse todo; decidió estudiar guitarra y empezó a componer sus propios temas, que posteriormente conformaron el LP Let it Die. El éxito de éste y sobre todo, de su cuarto álbum, The Reminder, la han convertido en una estrella de pop internacional, con nominaciones a los Grammy, grandes músicos (Wilco entre ellos), solicitando su colaboración e incluso apariciones en algún episodio de los Teleñecos. Ya estoy esperando la, parece que inminente, publicación de su sexto álbum…

513 Kwabs. Last Stand.

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Gospel y electrónica

De vez en cuando me gusta darme una vuelta por el panorama del R&B británico, a ver qué se cuece por allí, y siempre encuentro cosas interesantes. Una de las jóvenes promesas de la que se está hablando mucho es el cantante y compositor Kwabs (nacido Kwabena Adjepong), hijo de emigrantes ghaneses y que ha crecido en el sur de Londres. Con apenas 23 años de edad algunos medios lo comparan ya con Seal o James Blake. Y la verdad es que dispone de buenos argumentos para defender esta opinión: una fantástica voz de barítono y muy buen gusto en las composiciones. Pero Kwabs, además, tiene personalidad: compone sus propios temas, ha conseguido que la crítica se fije en él y que los mejores productores se lo rifen. Quien se ha llevado el gato al agua es Sohn, un productor británico afincado en Viena, que ha trabajado con Lana del Rey o Banks, y que es responsable del complejo sonido de sus dos EP y del futuro primer álbum, que aparecerá en otoño. El tema que os dejo, el magnífico Last Stand, una contenida mezcla entre la frialdad de la electrónica y el sentimiento del gospel, estaba incluido en el primer epé (Wrong or Right).

512 Zürcher Sängerknaben. Sancta mater, istud agas (Stabat Mater, Pergolesi).

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Estaba la madre sufriendo

El Stabat Mater Dolorosa está considerado como uno de los grandes himnos en latín, un poema sacro que narra la muerte de Cristo en la cruz visto desde la perspectiva de su madre, María. Aunque durante mucho tiempo la obra se atribuyó al papa Inocencio III, actualmente los especialistas piensan que fue compuesta por el franciscano Jacopone de Todi (1230-1306), que lo escribió con palabras sencillas para que pudiera ser entendido por todo el mundo. Muy pronto se incluyó en la liturgia de la misa y compositores de todas las épocas lo han musicado, entre ellos Palestrina, Haydn, Vivaldi, Poulenc o Penderecki, por sólo citar unos pocos. Pero es la versión de Giovanni Battista Pergolesi la que ha perdurado y se ha interpretado en más ocasiones, incluso con traslaciones propias de, entre otros, Bach o Salieri. Cuando se habla de “Stabat Mater”, se piensa generalmente en ella. Estrenada en 1736 (el mismo año de la prematura muerte de su autor, a los 26 años), se compuso originalmente para dos castrados (la Iglesia prohibía a las mujeres cantar en las iglesias), y para orquesta de cuerda y bajo continuo. De alguna manera, esta obra barroca inicia el clasicismo del XVIII por el delicado equilibrio entre música sacra y teatral, la claridad de líneas y su sencillez estilística. Como podéis comprender hay decenas (si no centenares) de versiones, entre las que me gustaría citar las de René Jacobs y el Concerto Vocale, la de Harnoncourt o la de Negri (con Freni y Berganza). Pero, aunque no sea tan conocida, me encanta la de los Zürcher Sängerknaben (El coro de niños de Zúrich) con el niño soprano Jonah Schenkel y el contratenor Alex Potter, junto a la Baroque Orchestra Capriccio y la dirección de Alphons von Aarburg. El que escuchamos es el noveno de los doce movimientos que componen la obra, el Sancta mater, istud agas, un dueto en “tempo giusto”.

 

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