596 Michael Adler Miltersen. The Lion City II (Majulah).

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La ciudad en crecimiento o la conexión autralo-danesa

Los que os gusta la música electrónica me recordáis, con razón, que hace tiempo que no cuelgo este tipo de música en el blog. Así que ahí va este The Lion City II (Majulah), de Keith Loulit con música de Michael Adler Miltersen, en el que vemos el rápido crecimiento de la ciudad estado de Singapur, cuyo himno nacional se titula precisamente Majulah (adelante). Miltersen y su empresa Sepia Productions componen, graban y producen música para películas y publicidad y entre sus clientes se cuentan nada menos que Nike, Carlsberg, Ikea, Sony, etc… Esta es la segunda colaboración entre el compositor y productor danés con el director australiano, quien hasta hace unos años se había especializado en tomar fotografías y vídeos de Sidney en formato tilt shift. Para este corto -rodado a lo largo de varios años-, según afirma en su página el compositor, creó una veintena de esbozos, hasta dar finalmente con lo que Loulit estaba buscando. Cada año Miltersen viajaba desde Copenhague al menos una vez para encontrarse con Loulit en Sidney e ir perfilando el encaje de música e imágenes. Y hay que reconocer que ambos se acabaron influyendo, porque la banda sonora encaja perfectamente con el espíritu futurista y rompedor del vídeo, con la idea del cambio y el crecimiento de la ciudad. Hay momentos en que la música (que recuerda a alguno de los delirios de Cliff Martínez o The Chromatics para la película “Drive” o de M83, por poner ejemplos) empuja a las imágenes y viceversa. Gracias al éxito que ha cosechado, Miltersen ha colgado el tema en un enlace de Soundcloud para su descarga gratuita: https://goo.gl/hv127Y

 

595 Choir! Choir! Choir! Hallelujah.

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Canta tu canción…, en grupo

Uno de los motivos por los que comencé a enviar a mis amigos estas Canciones -y colgándolas luego de un blog- era el de compartir con ellos -con todos- algunas músicas que me parecía que no estaban suficientemente consideradas. Poco a poco, con el tiempo, descubrí que no eran sólo las canciones, sino también la forma, el sentimiento o la emoción que ponían los intérpretes en su ejecución. Por eso hay tanta música en vivo en el blog. Muchas veces, claro, la grabación original es técnicamente mejor, pero su versión en directo (generalmente una de ellas en concreto) logra transmitir ese algo que te pinza el corazón y te pone la carne de gallina. Un ejemplo de todo esto es esta extraordinaria versión del Hallelujah de Leonard Cohen por parte de un centenar de personas, al que insuflan nueva vida. Se siente la emoción, esa profunda conexión que proporciona cantar una canción que te gusta junto a perfectos desconocidos. Todo esto forma parte del proyecto colectivo Choir! Choir! Choir!, fundado por Daveed Goldman (guitarra) y Nobu Adilman (conductor) en 2011, en el cual entre cien y trescientas personas se reúnen, un par de veces por semana, en bares o salas de conciertos de Toronto para cantar canciones pop. La gente paga cinco dólares por participar, se les entrega la letra de la canción y se les divide en tres secciones. Ensayan durante una hora y luego interpretan la canción. Cada representación se graba y se emite por Youtube. El éxito del proyecto ha sido casi inmediato gracias a las redes, lo que ha permitido a Goldman y Adilman codearse con Patti Smith o realizar homenajes a Bowie (Space Oddity) y Prince (When Doves Cry) junto a 3.800 y 2.000 personas, respectivamente. Espero que pronto alguien se anime a traer este proyecto a España…

594 Ibrahim Maalouf. True Sorry.

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Maalouf, su trompeta y las raíces libanesas

Gracias a su manera en que fusiona soul, pop y hip-hop con la música de sus raíces libanesas, Ibrahim Maalouf está considerado como uno de los grandes nombres del jazz contemporáneo. Nacido en Beirut en 1980, pocos años después la guerra del Líbano obligó a su familia a emigrar a París. Allí, inspirado por su padre trompetista y su madre pianista, el joven Ibrahim empieza a estudiar la trompeta junto a la música árabe y los clásicos de su instrumento (Albinoni, Mozart, Purcell, Telemann, etc.), acompañando a su padre en sus giras por Europa y Oriente Medio con apenas diez años. Músico inquieto, suele intercalar sus actuaciones junto a grupos de jazz con las de música clásica y en sus bandas cambia a menudo de formación en busca de nuevas sonoridades. Aunque ha editado once álbumes bajo su nombre, aparece en decenas de discos colaborando con músicos de todo tipo, como Amadou et Mariam, Lhasa de Sela, Mathieu Chédid, Georges Moustaki, Vanesa Paradis o Sting, entre otros muchos, aportando siempre su virtuosismo y un sonido inconfundible a la trompeta. Elegir una sola canción de un artista tan versátil y con tantas facetas es muy complicado -ahí están “Beirut”, “Hashish” o “Red & Black Light”, entre otras muchas-, pero he optado por este excelente True Sorry, incluido en su álbum “Illusions” de 2013. Un tema que, como una montaña rusa, va subiendo poco a poco hasta llegar al apogeo instrumental para regresar de nuevo al pegadizo leit motiv y volver a subir de nuevo al final. Espectacular. Además de la trompeta, Ibrahim toca el piano y es compositor (incluyendo bandas sonoras), arreglista, productor y profesor de improvisación. Por cierto, su abuelo es el periodista, poeta y musicólogo Rushdi Maalouf y su tío, el famoso escritor libanés Amin Maalouf. Menuda familia…

593 Ingebjørg Bratland. Ingen som du.

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Una voz casi translúcida

Los que seguís este blog desde hace tiempo o habéis navegado un poco por él, sabéis de mi querencia por la música noruega. Si escribís en el buscador del blog la palabra “Noruega”, por ejemplo, os saldrán como mínimo una docena de canciones. Con apenas cinco millones de habitantes, ese país es una auténtica caja de sorpresas y sigue produciendo sin parar músicos de alto nivel. No he investigado mucho este fenómeno pero sí he advertido que hay un gran interés desde la administración para que cada niño sea capaz de tocar un instrumento y que existe la convicción general de que la música es una asignatura básica en el desarrollo del individuo. Pues bien, hace unas semanas, buceando por la red y tirando de algunos hilos, he vuelto a descubrir nuevas maravillas que iré colgando del blog en cuanto pueda. Por lo pronto os dejo con una cantante de voz casi translúcida, Ingebjørg Bratland, y este Ingen som du (Ninguno es como tú), un tema compuesto por ella e incluido en su primer álbum en solitario, Berre Meg (Universal, 2014). Cuidado, porque engancha.

592 Buddy Guy. What Kind of Woman is This.

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La guitarra es tuya, Buddy

En “Shine a light”, el excelente documental sobre los Rolling Stones dirigido por Martin Scorsese, aparece como invitado el legendario bluesman Buddy Guy tocando junto a la banda inglesa el clásico “Champagne and reefer”. La razón de su presencia allí es la enorme admiración que desde siempre le ha profesado Keith Richards, que considera al guitarrista de Louisiana una de sus grandes influencias. Tanto le gusta que, al final de la actuación, Richards le regala su propia guitarra y le dice “¡Es tuya!”, ante el gesto de sorpresa de Buddy. Pero  Richards no está sólo, ya que comparte su fascinación con otros grandes de la guitarra como Jimmy Hendrix, Eric Clapton, Jimmy Page, Mark Knopfler o Steve Ray Vaughan, por citar unos pocos. Buddy está estupendo en la actuación, con una energía envidiable. De hecho, ahí sigue, en la brecha a sus 80 años, tras cientos de conciertos por todo el mundo. Después de haber editado más de 60 álbumes, de haber recibido todos los premios posibles en el mundo del blues, los últimos años han visto a un músico rejuvenecido que no para de crear. Como ejemplo de su trabajo os dejo este espléndido What Kind of Woman is This, incluido en su álbum “Bring ‘Em in” de 2005, donde canta con pasión y su estilo característico de punteo, marca de fábrica, brilla con una fuerza especial.

591 Iva Davidova. Zaidi, zaidi, jasno slance.

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Acuéstate, sol resplandeciente

Zidi, zaidi, jasno slance (Acuéstate, acuéstate, brillante sol) parte de una canción muy popular del folclore balcánico, del que existen varias versiones (con títulos diferentes) en Macedonia, Bulgaria o Serbia. A mediados del siglo pasado el cantante y compositor macedonio Alexandar Sarievski adaptó una nueva melodía al conocido poema y el tema se convirtió en todo un éxito. Al tener una melodía tan ornamentada, es una canción que sirve de prueba de calidad para muchos cantantes por lo que, además de la original de Sarievski, existen versiones de la misma para dar y tomar. Aunque quizás la más conocida sea la del cantante macedonio Tose Proeski, siempre me ha gustado ésta de la intérprete bulgara Iva Davidova cuya bellísima voz recuerda poderosamente a la de Neli Andreeva, otra de mis favoritas. Pero la historia de la canción no acaba aquí. Hace casi una década el compositor Tyler Bates se basó en esta melodía para componer el tema “Message for the Queen” de la banda sonora de la película “300”, dirigida por Zack Snyder.

590 Melissa Horn. Jag kan inte skilja på.

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Otra maravilla de Melissa

Hace ya cinco años que descubrí a esta gran artista y ya por entonces envié por email un tema suyo a mis amigos (antes de la creación de este blog). Pasado el tiempo creo que va siendo hora de una nueva entrega de la fantástica Melissa Horn. Como comentaba en aquel correo se trata de una cantante y compositora muy conocida en los países escandinavos y sobre todo en Suecia, de donde es originaria, y además desde su primer álbum “Langa Natter” (Largas noches), de 2008. A partir de ahí Astrid Melissa Edwarda Horn Weitzberg (su nombre completo, ya que preguntáis)  ha publicado otros cuatro álbumes, el último “Jag går nu” (Me voy), el pasado año. Casi todos han sido número 1 y superventas no sólo en Suecia, sino también en Noruega y Dinamarca, donde suele actuar habitualmente. Hace unos meses volví a recuperar sus canciones, pero ahora prestando más atención a los matices, tratando de superar el escollo del idioma traduciendo las letras, siempre más o menos autobiográficas. También he escuchado sus últimos discos, que no conocía, en los cuales Melissa ha pulido las composiciones, aumentando la complejidad de los arreglos. Entre todos, sin embargo, me quedo con su segundo álbum “Säg ingenting till mig” (No me dice nada, 2009), en el que se incluía esta estupenda Jag kan inte skilja på (Ya no puedo distinguir), una historia de indecisión y desamor en la pareja, con un comienzo lento que se va acelerando gradualmente hasta llegar a un majestuoso final.

589 Hilary Hahn. Giga de la Partita nº 2 para violín solo BWV 1004 (J. S. Bach).

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Música en estado de gracia

Dentro de lo posible y con los altibajos que registra últimamente el mundo de la música -y el de la clásica en especial-, sigo a la violinista norteamericana Hilary Hahn desde que tuve la suerte de escuchar a finales de los 90 varios de sus discos para Sony, dedicados a Bach, Beethoven o Brahms, entre otros. En el momento de firmar con la marca japonesa todavía no había cumplido los 20 años y sin embargo su interpretación era la de una gran artista. Su fraseo elegante, delicado o intenso, según lo pidiera la partitura, mostraba ya a las claras un virtuosismo sin impostaciones ni florituras innecesarias. Luego la seguí cuando se marchó a Deutsche Grammophon (por diferencias artísticas), donde continuó interpretando a los clásicos, apostando también por autores más difíciles como Charles Ives o Schönberg. Niña prodigio (comenzó a tocar el violín con cuatro años y dio su primer recital con nueve). Hilary ha actuado por todo el mundo junto a grandes orquestas, como las sinfónicas de Nueva York o Londres y ha interpretado, por ejemplo, el violín solista en la banda sonora de la película “El bosque” de M. Night Shyamalan, compuesta por James Newton Howard. Contra lo que suele suceder con muchos genios precoces la música de Hilary ha ido enriqueciéndose con el tiempo y hoy, a sus 37 años es mucho mejor violinista que en sus inicios. Y eso que con apenas 15 años y en su primer concierto en Alemania -con la Orquesta de la Radio de Baviera dirigida por Lorin Maazel-, interpretó como encore esta vibrante Giga de la Partita nº 2 BWV 1004 de Johann Sebastian Bach, que no me canso de escuchar. Música en estado de gracia.

588 Wild Nothing. Shadow.

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Dream pop norteamericano con sabor británico

Últimamente cuando quiero desconectar intento escuchar la refrescante música de los grupos británicos de los 80, de los que siempre he sido muy devoto. Pero casi sin quererlo, entre medias de aquellos se cuela una y otra vez Wild Nothing, una banda norteamericana cuyo sonido bebe sin rubor del de grupos como Aztec Camera, Cocteau Twins, Echo and the Bunnymen o The Go-Betweens, por nombrar sólo a algunos referentes. Pero el talento de su líder, el guitarrista y compositor Jack Tatum va más allá de imitar un sonido o una actitud. Wild Nothing practica un pop elegante y sutil con unas guitarras y teclados atmosféricos y la voz flotante de Tatum siempre de fondo. Originario de Blacksburg, Virginia, Tatum comenzó a grabar bajo el nombre de Wild Nothing en 2009 y hasta el momento ha editado tres elepés y dos EPs. De los álbumes -Gemini (2010), Nocturne (2012) y Life of Pause (2015)-, el más brillante es sin duda el segundo, donde se incluyen perlas como “Paradise”, “Counting Days”, “Only Heather”, “Nocturne” o esta excelente Shadow, con una batería incisiva y un ritmo muy, muy pegadizo.

587 Mayte Martin. Niño del 40.

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Yo estudiaba segundo de jazmines…

Hace años, leyendo a mi admirado Manuel Alcántara (gran poeta y uno de los mejores articulistas de la prensa española), me enteré de que Mayte Martin le había compuesto un disco homenaje (“Al cantar a Manuel”. Nuevos Medios, 2009). Conociendo su trabajo como cantaora flamenca y sus pinitos con el bolero, tenía curiosidad por ver este nuevo giro en su carrera. El resultado era una obra de arte de una delicadeza extrema, una maravilla en la que la voz y la guitarra de Mayte penetraban y hacían suyos el lirismo tranquilo y melancólico de los poemas de Alcántara. Acompañada por el violín de Olvido Lanza, Mayte Martin se metía en la piel del poeta, convirtiéndose en la voz que “vivía” sus versos. El álbum se componía de una docena de grandes canciones empapadas por el sentimiento indefinible de la nostalgia, con evocaciones a Miguel Hernández, Manuel Altolaguirre o Picasso. Entre ellas sobresalían (es un decir), temas como “Por la mar chica del puerto”, “Al sur de los limones“,  la increíble “No sabe el mar que es domingo”, que deja sin aliento (“Mientras va y viene en la orilla, no sabe el mar que lo miro”), o esta deliciosa Niño del 40, que evoca los recuerdos infantiles del poeta en la Málaga de posguerra, con momentos que ponen un nudo en la garganta y en los que Mayte está a punto de quebrar su voz (“No se estaba ya en guerra aquel verano, mi padre me llevaba de la mano, yo estudiaba segundo de jazmines…”).