588 Wild Nothing. Shadow.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , ,

Dream pop norteamericano con sabor británico

Últimamente cuando quiero desconectar intento escuchar la refrescante música de los grupos británicos de los 80, de los que siempre he sido muy devoto. Pero casi sin quererlo, entre medias de aquellos se cuela una y otra vez Wild Nothing, una banda norteamericana cuyo sonido bebe sin rubor del de grupos como Aztec Camera, Cocteau Twins, Echo and the Bunnymen o The Go-Betweens, por nombrar sólo a algunos referentes. Pero el talento de su líder, el guitarrista y compositor Jack Tatum va más allá de imitar un sonido o una actitud. Wild Nothing practica un pop elegante y sutil con unas guitarras y teclados atmosféricos y la voz flotante de Tatum siempre de fondo. Originario de Blacksburg, Virginia, Tatum comenzó a grabar bajo el nombre de Wild Nothing en 2009 y hasta el momento ha editado tres elepés y dos EPs. De los álbumes -Gemini (2010), Nocturne (2012) y Life of Pause (2015)-, el más brillante es sin duda el segundo, donde se incluyen perlas como “Paradise”, “Counting Days”, “Only Heather”, “Nocturne” o esta excelente Shadow, con una batería incisiva y un ritmo muy, muy pegadizo.

587 Mayte Martin. Niño del 40.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Yo estudiaba segundo de jazmines…

Hace años, leyendo a mi admirado Manuel Alcántara (gran poeta y uno de los mejores articulistas de la prensa española), me enteré de que Mayte Martin le había compuesto un disco homenaje (“Al cantar a Manuel”. Nuevos Medios, 2009). Conociendo su trabajo como cantaora flamenca y sus pinitos con el bolero, tenía curiosidad por ver este nuevo giro en su carrera. El resultado era una obra de arte de una delicadeza extrema, una maravilla en la que la voz y la guitarra de Mayte penetraban y hacían suyos el lirismo tranquilo y melancólico de los poemas de Alcántara. Acompañada por el violín de Olvido Lanza, Mayte Martin se metía en la piel del poeta, convirtiéndose en la voz que “vivía” sus versos. El álbum se componía de una docena de grandes canciones empapadas por el sentimiento indefinible de la nostalgia, con evocaciones a Miguel Hernández, Manuel Altolaguirre o Picasso. Entre ellas sobresalían (es un decir), temas como “Por la mar chica del puerto”, “Al sur de los limones“,  la increíble “No sabe el mar que es domingo”, que deja sin aliento (“Mientras va y viene en la orilla, no sabe el mar que lo miro”), o esta deliciosa Niño del 40, que evoca los recuerdos infantiles del poeta en la Málaga de posguerra, con momentos que ponen un nudo en la garganta y en los que Mayte está a punto de quebrar su voz (“No se estaba ya en guerra aquel verano, mi padre me llevaba de la mano, yo estudiaba segundo de jazmines…”).

586 Sam Lee. Lovely Molly.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , ,

Una joya del folclore anglosajón

Uno de los álbumes que más me han impresionado el pasado año ha sido “The fade in time”, segundo trabajo del cantante folk británico Sam Lee, un auténtico descubrimiento. Artista visual, promotor de música folk, educador e instructor de supervivencia, hace unos años Sam Lee se dedicó a viajar recogiendo canciones de las diversas comunidades nómadas de su país (inglesas, irlandesas, gitanas y escocesas). Con todo ese material, reelaborado y con nuevos arreglos, Lee editó su primer álbum, “Ground of its own” (2012), que llegó a estar nominado en el prestigioso Mercury Prize británico. Para la producción de su segundo álbum Lee se ha apoyado nada menos que en Arthur Jeffes y Jamie Orchard-Lisle, componentes de la Penguin Cafe Orchestra, que han sabido potenciar la extraordinaria voz de barítono de Sam, sin olvidar la delicadeza a la hora de contar historias de amor, nostalgia o traición, como sucede en Blackbird, Phoenix island o en esta emocionante Lovely Molly, grabada en vivo junto al excelente Roundhouse Choir. Tema tradicional del folclore anglosajón (posiblemente escocés), la canción cuenta la historia de un joven soldado de dieciséis años que debe ir a la guerra para servir al rey James dejando atrás a su “adorada Molly”.

585 Mal Waldron. All alone.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , ,

Melancolía de un pianista inclasificable

Se me hace extraño escoger un sólo tema para hablaros de un músico tan complejo como Mal Waldron. De nuevo la casualidad me ha hecho volver la vista a un pianista que ya tenía olvidado. Al sonar su famoso “Soul eyes” en la conocida versión de John Coltrane, quise recuperar alguno de aquellos álbumes que, en su momento, escuché bastante. Si se puede afirmar algo así teniendo en cuenta que su carrera duró más de cinco décadas (de mediados de los 50 hasta finales del pasado siglo), que publicó más de cien álbumes en multitud de sellos diferentes (ECM, Prestige o Impulse!, entre otros) y que, además, acompañó a estrellas como Billie Holiday, Charles Mingus, Eric Dolphy, o Max Roach, entre otros muchos. A finales de los años 60 se instaló en Europa donde ha sido una presencia constante en el circuito del jazz. Claro heredero de Thelonious Monk, con un fraseo casi telegráfico el estilo de Waldron es introvertido pero flexible. Algo que se puede apreciar en este melancólico All alone, una buena introducción al poliédrico mundo de Waldron.

584 Tom Waits. I hope I don’t fall in love with you.

Etiquetas

, , , , , , ,

Como bálsamo en tiempos de zozobra

Como volver a ver a un viejo amigo al que había perdido la pista, así me he sentido al reencontrame con mi admirado Tom Waits. Cuando he atravesado momentos de zozobra, su música siempre ha venido a consolarme, y por eso estos últimos días me he vuelto a untar el bálsamo Waits. Desde mediados de los 70 a mediados de los 80 escuché (y compré religiosamente) todos sus elepés, en su mayor parte auténticas obras maestras. En ellos Waits había creado un personaje, un especie de pianista que toca medio borracho en bares destartalados y que canta historias de perdedores. Como sucede en esta fantástica I hope I don’t fall in love with you, incluida en su primer álbum, Small Change (1973). Pero desde Swordfishtrombones (1985) su personaje y su estilo como compositor cambiaron, creando un mundo surrealista y distorsionado, a medio camino entre el vodevil, el carnaval y el cabaret. Dejé de seguirle. Hasta que hace unos años en que, después de repasar mis viejos vinilos, me animé a recuperar unos álbumes que había dejado de lado. Y como me suele suceder, bajo ese crooner medio salvaje de voz raspada, se escondía el Tom de siempre, un enorme músico capaz de componer canciones esplendorosas. Pero esta es una historia que ya contaré en otra ocasión…

583 Vashti Bunyan. Train Song.

Etiquetas

, , , , , , , ,

El sabor de los swinging sixties

Vashti Bunyan vivió su momento de gloria en el Londres psicodélico de finales de los sesenta, cuando la edición de su primer LP “Just Another Diamond Day” (1970) la puso en el punto de mira de la industria musical. Para este álbum Vashti contó incluso con músicos de Fairport Convention y The Incredible String Band, en la cima por aquella época, con lo que las expectativas eran altas. Pero lo que parecía un futuro prometedor no llegó a cuajar por las flojas ventas del álbum. Ella, decepcionada, abandonó el mundo de la música y se marchó a Irlanda para dedicarse a su familia. Pero, como ocurre en ocasiones, con el tiempo las pocas copias del álbum que poseían algunos coleccionistas se convirtieron en objeto de culto. Tanto, que en el año 2000 el álbum se reeditó ya en formato CD, alcanzando un cierto éxito en las Islas Británicas y con los críticos y aficionados demandando la vuelta de la diva retirada. Vashti regresó en 2005 con un nuevo álbum, “Lookaftering”, seguido en 2008 por un documental sobre su vida y en 2014 por un tercer disco, “Heartleap”. De todos los temas compuestos por ella, me quedo con este Train Song, editado como single en 1966, con una hermosa melodía conducida por la deliciosa voz de Bunyan.

582 Blick Bassy. Aké.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Añoranza del hogar en una lengua que desaparece

Acompañado tan sólo por un trombón y un violonchelo, en marzo del año pasado Blick Blassy se metió en un estudio parisino para preparar unas cuantas canciones en homenaje a su admirado Skip James, una leyenda del blues del Misisipi, sin intención alguna de grabar un álbum. Pero la fortuna hizo que Laurent Bizot, dueño del sello francés No Format, escuchase este maravilloso Aké y sin dudarlo decidió producir un álbum. El resultado es Akö, tercer LP del músico camerunés, que ha convertido a Blassy en toda una estrella y está abriendo nuevos caminos a la música africana. Por lo pronto Apple ha elegido Kiki, otra de las canciones del disco, como tema para su última campaña mundial, lo que ha provocado que BB inicie una extensa gira de conciertos por todo el mundo. Todo el álbum es recomendable, con una sonoridad especial que funde maravillosamente la música del este africano con el blues del Delta o la bossa nova brasileña, añadiendo texturas de instrumentos como la armónica de Olivier Ker Ourio (en Aké), el piano a lo jazz o los samplings de Nicolas Repac. A todo eso hay que añadir las dulces entonaciones de Blassy en lengua bassa, una de las 260 habladas en Camerún (hoy en peligro de extinción), contando historias de separación y de añoranza de su hogar africano.

581 Alisa Sadikova. The Fountain (Marcel Lucien Grandjany).

Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Virtuosismo y sentimiento

La primera vez que escuché a la joven arpista Alisa Sadikova fue en un programa de música clásica por internet y no me acababa de creer que lo que había oído lo había interpretado una niña pequeña. Luego busqué alguna actuación suya en Youtube y quedé absolutamente deslumbrado. No sólo era capaz de tocar a Händel o Glinka a un gran nivel sino que se atrevía con temas de la complejidad de esta fantástica The Fountain, del compositor franco-norteamericano Marcel Lucien Grandajany. Lo que impresiona no es sólo la precisión y la calidad de la pulsación, sino el sentimiento y la emoción que pone al ejecutarla. Y es más extraordinario si tenemos en cuenta que aquí apenas tenía nueve años y que comenzó a tocar el arpa con sólo cinco. Y por entonces ya interpretaba las piezas con escucharlas una sola vez, sin ensayarlas previamente. Actualmente prosigue sus estudios en el Conservatorio de San Petersburgo y, como curiosidad, cabe decir que Alisa no tiene arpa propia, ya que son muy caras, por lo que cada vez que toca un nuevo concierto debe adaptarse a un instrumento prestado por el Conservatorio (de ahí sus pequeñas vacilaciones).

580 Anthony Hamilton. Can’t Let Go.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Soul moderno que sabe a clásico

Compositor y cantante de R&B, soul y neo soul, Anthony Hamilton ha sido comparado con clásicos como Bobby Womack o Bill Withers, por su voz sedosa y potente a la vez, claramente identificable. Hamilton comienza cantando con diez años en el coro de la iglesia de su Carlotte natal (Carolina del Norte), para pasar ya en su adolescencia a actuar en clubs nocturnos y concursos de jóvenes talentos. Con 22 años se marcha a Nueva York a probar fortuna y firma con el sello Upton Records que, justo antes de publicar el que iba a ser su primer disco, se va a la quiebra. No se desanima y firma por MCA, consiguiendo publicar su primer álbum, XTC (1996), que pasa sin pena ni gloria. Hamilton apuesta entonces por el sello Soulife, creado por varios de sus amigos de Charlotte. Mientras prepara su siguiente álbum, sigue componiendo y colaborando con otros artistas como D’Angelo, al que acompaña en su Vodoo Tour por todo el mundo.  Al regresar de al gira descubre, descorazonado, que Soullife también había quebrado… Pero en 2002 llega su golpe de suerte cuando la gente se fija en él cantando los coros en “Po’ Folks”, un tema del grupo de rap Nappy Roots, por el que llega a ser nominado a los Grammy. A partir de ahí todo viene rodado. En 2003 firma con el sello So So Def con quienes edita su segundo álbum, donde se incluye  la balada “Charlene”, que se convierte en un éxito y comienza a recuperar canciones de sus álbumes no publicados. Desde ese momento no para de trabajar (lleva ya siete álbumes) y de llegar a lo alto de las listas, además de colaborar en bandas sonoras como las de “American Gangster” (Ridley Scott, 2007) o “Django desencadenado” (Quentin Tarantino, 2012). De entre las decenas de grandes canciones de Hamilton me gusta especialmente este Can’t let go (incluido en su álbum Ain’t Nobody Worryin’, de 2005), con una gran melodía y un fantástico trabajo en los coros.

579 Wim Mertens. Houfnice.

Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Mucho más que minimalismo

Es raro que hasta ahora no haya colgado en el blog ningún tema de Wim Mertens siendo uno de mis músicos preferidos, del que atesoro una decena de álbumes, al que he visto un par de veces en directo.. y del que encuentro influencias en bastantes músicos actuales. Nacido en Neerpelt, Bélgica, en 1953, además de pianista Mertens es compositor, cantante -contratenor- y guitarrista, además de otras muchas cosas (graduado en Musicología y Ciencias Sociales y Políticas, ha estudiado también Teoría Musical y piano en Gante y Bruselas; asimismo ha producido conciertos para la radio y la televisión belgas). Es prácticamente imposible resumir aquí la trayectoria de este músico genial que, desde finales de los 70 ha publicado más de 60 álbumes (el último, el excelente “Charaktersketch”, este mismo año), a los que habría que añadir una veintena de bandas sonoras para teatro y cine (incluida la música para “El vientre del arquitecto”, de Peter Greenaway) y otra quincena de álbumes “no oficiales”. En su trabajo suele alternar las actuaciones de piano en solitario; en formato de cámara, dúo o trío (piano, violín, saxofón o violonchelo) o con orquestas sinfónicas. Aunque en todos estos formatos se mueve con soltura, a mi me siguen gustando sus actuaciones de piano solo. Como compositor se mueve más allá del minimalismo en el que se le suele encerrar, ya que lo enriquece con un trabajo de orfebre en las melodías y en las delicadas texturas de los arreglos. En su obra hay ecos de música ambient o de ciertas composiciones de Brian Eno, Michael Nyman o Philip Glass, entre otros, ya que comparte influencias e inquietudes con todos ellos. De esa mezcla caleidoscópica han brotado temas excepcionales como Struggle for Pleasure, Close Cover, Often a Bird o No Testament, por sólo citar unos cuantos de los más conocidos, a los que añadiría este delicioso Houfnice, incluido en el álbum Estrategie de la Rupture (1991). Quién diría que esta maravilla tiene ya casi un cuarto de siglo de edad.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 224 seguidores