590 Melissa Horn. Jag kan inte skilja på.

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Otra maravilla de Melissa

Hace ya cinco años que descubrí a esta gran artista y ya por entonces envié por email un tema suyo a mis amigos (antes de la creación de este blog). Pasado el tiempo creo que va siendo hora de una nueva entrega de la fantástica Melissa Horn. Como comentaba en aquel correo se trata de una cantante y compositora muy conocida en los países escandinavos y sobre todo en Suecia, de donde es originaria, y además desde su primer álbum “Langa Natter” (Largas noches), de 2008. A partir de ahí Astrid Melissa Edwarda Horn Weitzberg (su nombre completo, ya que preguntáis)  ha publicado otros cuatro álbumes, el último “Jag går nu” (Me voy), el pasado año. Casi todos han sido número 1 y superventas no sólo en Suecia, sino también en Noruega y Dinamarca, donde suele actuar habitualmente. Hace unos meses volví a recuperar sus canciones, pero ahora prestando más atención a los matices, tratando de superar el escollo del idioma traduciendo las letras, siempre más o menos autobiográficas. También he escuchado sus últimos discos, que no conocía, en los cuales Melissa ha pulido las composiciones, aumentando la complejidad de los arreglos. Entre todos, sin embargo, me quedo con su segundo álbum “Säg ingenting till mig” (No me dice nada, 2009), en el que se incluía esta estupenda Jag kan inte skilja på (Ya no puedo distinguir), una historia de indecisión y desamor en la pareja, con un comienzo lento que se va acelerando gradualmente hasta llegar a un majestuoso final.

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589 Hilary Hahn. Giga de la Partita nº 2 para violín solo BWV 1004 (J. S. Bach).

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Música en estado de gracia

Dentro de lo posible y con los altibajos que registra últimamente el mundo de la música -y el de la clásica en especial-, sigo a la violinista norteamericana Hilary Hahn desde que tuve la suerte de escuchar a finales de los 90 varios de sus discos para Sony, dedicados a Bach, Beethoven o Brahms, entre otros. En el momento de firmar con la marca japonesa todavía no había cumplido los 20 años y sin embargo su interpretación era la de una gran artista. Su fraseo elegante, delicado o intenso, según lo pidiera la partitura, mostraba ya a las claras un virtuosismo sin impostaciones ni florituras innecesarias. Luego la seguí cuando se marchó a Deutsche Grammophon (por diferencias artísticas), donde continuó interpretando a los clásicos, apostando también por autores más difíciles como Charles Ives o Schönberg. Niña prodigio (comenzó a tocar el violín con cuatro años y dio su primer recital con nueve). Hilary ha actuado por todo el mundo junto a grandes orquestas, como las sinfónicas de Nueva York o Londres y ha interpretado, por ejemplo, el violín solista en la banda sonora de la película “El bosque” de M. Night Shyamalan, compuesta por James Newton Howard. Contra lo que suele suceder con muchos genios precoces la música de Hilary ha ido enriqueciéndose con el tiempo y hoy, a sus 37 años es mucho mejor violinista que en sus inicios. Y eso que con apenas 15 años y en su primer concierto en Alemania -con la Orquesta de la Radio de Baviera dirigida por Lorin Maazel-, interpretó como encore esta vibrante Giga de la Partita nº 2 BWV 1004 de Johann Sebastian Bach, que no me canso de escuchar. Música en estado de gracia.

588 Wild Nothing. Shadow.

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Dream pop norteamericano con sabor británico

Últimamente cuando quiero desconectar intento escuchar la refrescante música de los grupos británicos de los 80, de los que siempre he sido muy devoto. Pero casi sin quererlo, entre medias de aquellos se cuela una y otra vez Wild Nothing, una banda norteamericana cuyo sonido bebe sin rubor del de grupos como Aztec Camera, Cocteau Twins, Echo and the Bunnymen o The Go-Betweens, por nombrar sólo a algunos referentes. Pero el talento de su líder, el guitarrista y compositor Jack Tatum va más allá de imitar un sonido o una actitud. Wild Nothing practica un pop elegante y sutil con unas guitarras y teclados atmosféricos y la voz flotante de Tatum siempre de fondo. Originario de Blacksburg, Virginia, Tatum comenzó a grabar bajo el nombre de Wild Nothing en 2009 y hasta el momento ha editado tres elepés y dos EPs. De los álbumes -Gemini (2010), Nocturne (2012) y Life of Pause (2015)-, el más brillante es sin duda el segundo, donde se incluyen perlas como “Paradise”, “Counting Days”, “Only Heather”, “Nocturne” o esta excelente Shadow, con una batería incisiva y un ritmo muy, muy pegadizo.

587 Mayte Martin. Niño del 40.

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Yo estudiaba segundo de jazmines…

Hace años, leyendo a mi admirado Manuel Alcántara (gran poeta y uno de los mejores articulistas de la prensa española), me enteré de que Mayte Martin le había compuesto un disco homenaje (“Al cantar a Manuel”. Nuevos Medios, 2009). Conociendo su trabajo como cantaora flamenca y sus pinitos con el bolero, tenía curiosidad por ver este nuevo giro en su carrera. El resultado era una obra de arte de una delicadeza extrema, una maravilla en la que la voz y la guitarra de Mayte penetraban y hacían suyos el lirismo tranquilo y melancólico de los poemas de Alcántara. Acompañada por el violín de Olvido Lanza, Mayte Martin se metía en la piel del poeta, convirtiéndose en la voz que “vivía” sus versos. El álbum se componía de una docena de grandes canciones empapadas por el sentimiento indefinible de la nostalgia, con evocaciones a Miguel Hernández, Manuel Altolaguirre o Picasso. Entre ellas sobresalían (es un decir), temas como “Por la mar chica del puerto”, “Al sur de los limones“,  la increíble “No sabe el mar que es domingo”, que deja sin aliento (“Mientras va y viene en la orilla, no sabe el mar que lo miro”), o esta deliciosa Niño del 40, que evoca los recuerdos infantiles del poeta en la Málaga de posguerra, con momentos que ponen un nudo en la garganta y en los que Mayte está a punto de quebrar su voz (“No se estaba ya en guerra aquel verano, mi padre me llevaba de la mano, yo estudiaba segundo de jazmines…”).

586 Sam Lee. Lovely Molly.

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Una joya del folclore anglosajón

Uno de los álbumes que más me han impresionado el pasado año ha sido “The fade in time”, segundo trabajo del cantante folk británico Sam Lee, un auténtico descubrimiento. Artista visual, promotor de música folk, educador e instructor de supervivencia, hace unos años Sam Lee se dedicó a viajar recogiendo canciones de las diversas comunidades nómadas de su país (inglesas, irlandesas, gitanas y escocesas). Con todo ese material, reelaborado y con nuevos arreglos, Lee editó su primer álbum, “Ground of its own” (2012), que llegó a estar nominado en el prestigioso Mercury Prize británico. Para la producción de su segundo álbum Lee se ha apoyado nada menos que en Arthur Jeffes y Jamie Orchard-Lisle, componentes de la Penguin Cafe Orchestra, que han sabido potenciar la extraordinaria voz de barítono de Sam, sin olvidar la delicadeza a la hora de contar historias de amor, nostalgia o traición, como sucede en Blackbird, Phoenix island o en esta emocionante Lovely Molly, grabada en vivo junto al excelente Roundhouse Choir. Tema tradicional del folclore anglosajón (posiblemente escocés), la canción cuenta la historia de un joven soldado de dieciséis años que debe ir a la guerra para servir al rey James dejando atrás a su “adorada Molly”.

585 Mal Waldron. All alone.

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Melancolía de un pianista inclasificable

Se me hace extraño escoger un sólo tema para hablaros de un músico tan complejo como Mal Waldron. De nuevo la casualidad me ha hecho volver la vista a un pianista que ya tenía olvidado. Al sonar su famoso “Soul eyes” en la conocida versión de John Coltrane, quise recuperar alguno de aquellos álbumes que, en su momento, escuché bastante. Si se puede afirmar algo así teniendo en cuenta que su carrera duró más de cinco décadas (de mediados de los 50 hasta finales del pasado siglo), que publicó más de cien álbumes en multitud de sellos diferentes (ECM, Prestige o Impulse!, entre otros) y que, además, acompañó a estrellas como Billie Holiday, Charles Mingus, Eric Dolphy, o Max Roach, entre otros muchos. A finales de los años 60 se instaló en Europa donde ha sido una presencia constante en el circuito del jazz. Claro heredero de Thelonious Monk, con un fraseo casi telegráfico el estilo de Waldron es introvertido pero flexible. Algo que se puede apreciar en este melancólico All alone, una buena introducción al poliédrico mundo de Waldron.

584 Tom Waits. I hope I don’t fall in love with you.

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Como bálsamo en tiempos de zozobra

Como volver a ver a un viejo amigo al que había perdido la pista, así me he sentido al reencontrame con mi admirado Tom Waits. Cuando he atravesado momentos de zozobra, su música siempre ha venido a consolarme, y por eso estos últimos días me he vuelto a untar el bálsamo Waits. Desde mediados de los 70 a mediados de los 80 escuché (y compré religiosamente) todos sus elepés, en su mayor parte auténticas obras maestras. En ellos Waits había creado un personaje, un especie de pianista que toca medio borracho en bares destartalados y que canta historias de perdedores. Como sucede en esta fantástica I hope I don’t fall in love with you, incluida en su primer álbum, Small Change (1973). Pero desde Swordfishtrombones (1985) su personaje y su estilo como compositor cambiaron, creando un mundo surrealista y distorsionado, a medio camino entre el vodevil, el carnaval y el cabaret. Dejé de seguirle. Hasta que hace unos años en que, después de repasar mis viejos vinilos, me animé a recuperar unos álbumes que había dejado de lado. Y como me suele suceder, bajo ese crooner medio salvaje de voz raspada, se escondía el Tom de siempre, un enorme músico capaz de componer canciones esplendorosas. Pero esta es una historia que ya contaré en otra ocasión…

583 Vashti Bunyan. Train Song.

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El sabor de los swinging sixties

Vashti Bunyan vivió su momento de gloria en el Londres psicodélico de finales de los sesenta, cuando la edición de su primer LP “Just Another Diamond Day” (1970) la puso en el punto de mira de la industria musical. Para este álbum Vashti contó incluso con músicos de Fairport Convention y The Incredible String Band, en la cima por aquella época, con lo que las expectativas eran altas. Pero lo que parecía un futuro prometedor no llegó a cuajar por las flojas ventas del álbum. Ella, decepcionada, abandonó el mundo de la música y se marchó a Irlanda para dedicarse a su familia. Pero, como ocurre en ocasiones, con el tiempo las pocas copias del álbum que poseían algunos coleccionistas se convirtieron en objeto de culto. Tanto, que en el año 2000 el álbum se reeditó ya en formato CD, alcanzando un cierto éxito en las Islas Británicas y con los críticos y aficionados demandando la vuelta de la diva retirada. Vashti regresó en 2005 con un nuevo álbum, “Lookaftering”, seguido en 2008 por un documental sobre su vida y en 2014 por un tercer disco, “Heartleap”. De todos los temas compuestos por ella, me quedo con este Train Song, editado como single en 1966, con una hermosa melodía conducida por la deliciosa voz de Bunyan.

582 Blick Bassy. Aké.

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Añoranza del hogar en una lengua que desaparece

Acompañado tan sólo por un trombón y un violonchelo, en marzo del año pasado Blick Blassy se metió en un estudio parisino para preparar unas cuantas canciones en homenaje a su admirado Skip James, una leyenda del blues del Misisipi, sin intención alguna de grabar un álbum. Pero la fortuna hizo que Laurent Bizot, dueño del sello francés No Format, escuchase este maravilloso Aké y sin dudarlo decidió producir un álbum. El resultado es Akö, tercer LP del músico camerunés, que ha convertido a Blassy en toda una estrella y está abriendo nuevos caminos a la música africana. Por lo pronto Apple ha elegido Kiki, otra de las canciones del disco, como tema para su última campaña mundial, lo que ha provocado que BB inicie una extensa gira de conciertos por todo el mundo. Todo el álbum es recomendable, con una sonoridad especial que funde maravillosamente la música del este africano con el blues del Delta o la bossa nova brasileña, añadiendo texturas de instrumentos como la armónica de Olivier Ker Ourio (en Aké), el piano a lo jazz o los samplings de Nicolas Repac. A todo eso hay que añadir las dulces entonaciones de Blassy en lengua bassa, una de las 260 habladas en Camerún (hoy en peligro de extinción), contando historias de separación y de añoranza de su hogar africano.

581 Alisa Sadikova. The Fountain (Marcel Lucien Grandjany).

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Virtuosismo y sentimiento

La primera vez que escuché a la joven arpista Alisa Sadikova fue en un programa de música clásica por internet y no me acababa de creer que lo que había oído lo había interpretado una niña pequeña. Luego busqué alguna actuación suya en Youtube y quedé absolutamente deslumbrado. No sólo era capaz de tocar a Händel o Glinka a un gran nivel sino que se atrevía con temas de la complejidad de esta fantástica The Fountain, del compositor franco-norteamericano Marcel Lucien Grandajany. Lo que impresiona no es sólo la precisión y la calidad de la pulsación, sino el sentimiento y la emoción que pone al ejecutarla. Y es más extraordinario si tenemos en cuenta que aquí apenas tenía nueve años y que comenzó a tocar el arpa con sólo cinco. Y por entonces ya interpretaba las piezas con escucharlas una sola vez, sin ensayarlas previamente. Actualmente prosigue sus estudios en el Conservatorio de San Petersburgo y, como curiosidad, cabe decir que Alisa no tiene arpa propia, ya que son muy caras, por lo que cada vez que toca un nuevo concierto debe adaptarse a un instrumento prestado por el Conservatorio (de ahí sus pequeñas vacilaciones).