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Música en estado de gracia

Dentro de lo posible y con los altibajos que registra últimamente el mundo de la música -y el de la clásica en especial-, sigo a la violinista norteamericana Hilary Hahn desde que tuve la suerte de escuchar a finales de los 90 varios de sus discos para Sony, dedicados a Bach, Beethoven o Brahms, entre otros. En el momento de firmar con la marca japonesa todavía no había cumplido los 20 años y sin embargo su interpretación era la de una gran artista. Su fraseo elegante, delicado o intenso, según lo pidiera la partitura, mostraba ya a las claras un virtuosismo sin impostaciones ni florituras innecesarias. Luego la seguí cuando se marchó a Deutsche Grammophon (por diferencias artísticas), donde continuó interpretando a los clásicos, apostando también por autores más difíciles como Charles Ives o Schönberg. Niña prodigio (comenzó a tocar el violín con cuatro años y dio su primer recital con nueve). Hilary ha actuado por todo el mundo junto a grandes orquestas, como las sinfónicas de Nueva York o Londres y ha interpretado, por ejemplo, el violín solista en la banda sonora de la película “El bosque” de M. Night Shyamalan, compuesta por James Newton Howard. Contra lo que suele suceder con muchos genios precoces la música de Hilary ha ido enriqueciéndose con el tiempo y hoy, a sus 37 años es mucho mejor violinista que en sus inicios. Y eso que con apenas 15 años y en su primer concierto en Alemania -con la Orquesta de la Radio de Baviera dirigida por Lorin Maazel-, interpretó como encore esta vibrante Giga de la Partita nº 2 BWV 1004 de Johann Sebastian Bach, que no me canso de escuchar. Música en estado de gracia.

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