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Yo estudiaba segundo de jazmines…

Hace años, leyendo a mi admirado Manuel Alcántara (gran poeta y uno de los mejores articulistas de la prensa española), me enteré de que Mayte Martin le había compuesto un disco homenaje (“Al cantar a Manuel”. Nuevos Medios, 2009). Conociendo su trabajo como cantaora flamenca y sus pinitos con el bolero, tenía curiosidad por ver este nuevo giro en su carrera. El resultado era una obra de arte de una delicadeza extrema, una maravilla en la que la voz y la guitarra de Mayte penetraban y hacían suyos el lirismo tranquilo y melancólico de los poemas de Alcántara. Acompañada por el violín de Olvido Lanza, Mayte Martin se metía en la piel del poeta, convirtiéndose en la voz que “vivía” sus versos. El álbum se componía de una docena de grandes canciones empapadas por el sentimiento indefinible de la nostalgia, con evocaciones a Miguel Hernández, Manuel Altolaguirre o Picasso. Entre ellas sobresalían (es un decir), temas como “Por la mar chica del puerto”, “Al sur de los limones“,  la increíble “No sabe el mar que es domingo”, que deja sin aliento (“Mientras va y viene en la orilla, no sabe el mar que lo miro”), o esta deliciosa Niño del 40, que evoca los recuerdos infantiles del poeta en la Málaga de posguerra, con momentos que ponen un nudo en la garganta y en los que Mayte está a punto de quebrar su voz (“No se estaba ya en guerra aquel verano, mi padre me llevaba de la mano, yo estudiaba segundo de jazmines…”).

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