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Como bálsamo en tiempos de zozobra

Como volver a ver a un viejo amigo al que había perdido la pista, así me he sentido al reencontrame con mi admirado Tom Waits. Cuando he atravesado momentos de zozobra, su música siempre ha venido a consolarme, y por eso estos últimos días me he vuelto a untar el bálsamo Waits. Desde mediados de los 70 a mediados de los 80 escuché (y compré religiosamente) todos sus elepés, en su mayor parte auténticas obras maestras. En ellos Waits había creado un personaje, un especie de pianista que toca medio borracho en bares destartalados y que canta historias de perdedores. Como sucede en esta fantástica I hope I don’t fall in love with you, incluida en su primer álbum, Small Change (1973). Pero desde Swordfishtrombones (1985) su personaje y su estilo como compositor cambiaron, creando un mundo surrealista y distorsionado, a medio camino entre el vodevil, el carnaval y el cabaret. Dejé de seguirle. Hasta que hace unos años en que, después de repasar mis viejos vinilos, me animé a recuperar unos álbumes que había dejado de lado. Y como me suele suceder, bajo ese crooner medio salvaje de voz raspada, se escondía el Tom de siempre, un enorme músico capaz de componer canciones esplendorosas. Pero esta es una historia que ya contaré en otra ocasión…

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