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Virtuosismo y sentimiento

La primera vez que escuché a la joven arpista Alisa Sadikova fue en un programa de música clásica por internet y no me acababa de creer que lo que había oído lo había interpretado una niña pequeña. Luego busqué alguna actuación suya en Youtube y quedé absolutamente deslumbrado. No sólo era capaz de tocar a Händel o Glinka a un gran nivel sino que se atrevía con temas de la complejidad de esta fantástica The Fountain, del compositor franco-norteamericano Marcel Lucien Grandajany. Lo que impresiona no es sólo la precisión y la calidad de la pulsación, sino el sentimiento y la emoción que pone al ejecutarla. Y es más extraordinario si tenemos en cuenta que aquí apenas tenía nueve años y que comenzó a tocar el arpa con sólo cinco. Y por entonces ya interpretaba las piezas con escucharlas una sola vez, sin ensayarlas previamente. Actualmente prosigue sus estudios en el Conservatorio de San Petersburgo y, como curiosidad, cabe decir que Alisa no tiene arpa propia, ya que son muy caras, por lo que cada vez que toca un nuevo concierto debe adaptarse a un instrumento prestado por el Conservatorio (de ahí sus pequeñas vacilaciones).

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