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Soul moderno que sabe a clásico

Compositor y cantante de R&B, soul y neo soul, Anthony Hamilton ha sido comparado con clásicos como Bobby Womack o Bill Withers, por su voz sedosa y potente a la vez, claramente identificable. Hamilton comienza cantando con diez años en el coro de la iglesia de su Carlotte natal (Carolina del Norte), para pasar ya en su adolescencia a actuar en clubs nocturnos y concursos de jóvenes talentos. Con 22 años se marcha a Nueva York a probar fortuna y firma con el sello Upton Records que, justo antes de publicar el que iba a ser su primer disco, se va a la quiebra. No se desanima y firma por MCA, consiguiendo publicar su primer álbum, XTC (1996), que pasa sin pena ni gloria. Hamilton apuesta entonces por el sello Soulife, creado por varios de sus amigos de Charlotte. Mientras prepara su siguiente álbum, sigue componiendo y colaborando con otros artistas como D’Angelo, al que acompaña en su Vodoo Tour por todo el mundo.  Al regresar de al gira descubre, descorazonado, que Soullife también había quebrado… Pero en 2002 llega su golpe de suerte cuando la gente se fija en él cantando los coros en “Po’ Folks”, un tema del grupo de rap Nappy Roots, por el que llega a ser nominado a los Grammy. A partir de ahí todo viene rodado. En 2003 firma con el sello So So Def con quienes edita su segundo álbum, donde se incluye  la balada “Charlene”, que se convierte en un éxito y comienza a recuperar canciones de sus álbumes no publicados. Desde ese momento no para de trabajar (lleva ya siete álbumes) y de llegar a lo alto de las listas, además de colaborar en bandas sonoras como las de “American Gangster” (Ridley Scott, 2007) o “Django desencadenado” (Quentin Tarantino, 2012). De entre las decenas de grandes canciones de Hamilton me gusta especialmente este Can’t let go (incluido en su álbum Ain’t Nobody Worryin’, de 2005), con una gran melodía y un fantástico trabajo en los coros.

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