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Los extraños ángeles y el recuerdo del querido Lou

Hace unas semanas Laurie Anderson presentó en el festival de cine de Venecia la película “Heart of a dog” en la que trata de la muerte; la de su perro, la de su madre y la de su compañero durante 20 años, Lou Reed, fallecido en 2013 y cuyo recuerdo planea por toda la cinta. Enlazando rememoraciones personales con reflexiones de Kierkegaard o Wittgenstein, Laurie culmina con este film (en plena forma y a sus 68 años) su gran trayectoria como performer, agitadora cultural y compositora de vanguardia. El revuelto mediático y las entrevistas en torno a la película me han vuelto a acercar a esta gran artista a la que idolatré en los años 80 y 90 para, debo reconocerlo, dejar de seguirla en los últimos tiempos. Todavía debo tener en mis discoteca los vinilos de sus primeros años, Big Science, Mr. Heartbreak, Home of the Brave y Strange Angels (de 1989), que escuché hasta la saciedad y donde estaba incluido el tema homónimo. Probablemente la mejor canción de su discografía junto a “O Superman” y “Lenguage is a virus”, me siguen enganchando los perfectos arreglos de Strange Angels, con ese melancólico acordeón y, por supuesto, la voz de Laurie en su mejor momento, que escucha a esos “extraños ángeles, cantando sólo para mi, viejas historias”…

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