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En busca del sabor perdido de la Belle Époque

Hijo de un ingeniero alemán y una venezolana de origen vasco, Reynaldo Hahn (1874-1947) fue un niño prodigio que empezó a cantar y tocar el piano en público con apenas cinco años y a componer sus propios temas con ocho. Nacido en Venezuela, la situación política obligó a su familia a viajar a París, ciudad que enamoró al muchacho desde el primer momento. A pesar de sus reticencias ante los niños prodigio, Hahn consiguió con apenas diez años entrar en el prestigioso Conservatorio de París. Allí tuvo como profesores a Massenet, Gounod o Saint-Saëns y como compañero nada menos que a Maurice Ravel. Fue amigo de Diaghilev y amante de Marcel Proust, quien lo inmortalizó en su obra maestra “En busca del tiempo perdido” como el músico Vintelli. Además de importante compositor, Hahn fue un respetado director en su época, crítico musical, director de teatro y notable cantante de salón (hay grabaciones de sus actuaciones). Aunque compuso más de 200 obras, entre óperas, operetas, comedias musicales, oratorios, música de cámara, etc., está considerado como uno de los más importantes autores de canción francesa de salón. Notables por su elegante construcción, gran belleza y originalidad, entre sus mejores canciones destacan  “Si mes vers avaient des ailes” (escrita con apenas 13 años), “L’heure exquise” o esta hermosa À Chloris, que interpreta magistralmente la mezzosoprano norteamericana Susan Graham, con todo el sabor de la Belle Époque.

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