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Estaba la madre sufriendo

El Stabat Mater Dolorosa está considerado como uno de los grandes himnos en latín, un poema sacro que narra la muerte de Cristo en la cruz visto desde la perspectiva de su madre, María. Aunque durante mucho tiempo la obra se atribuyó al papa Inocencio III, actualmente los especialistas piensan que fue compuesta por el franciscano Jacopone de Todi (1230-1306), que lo escribió con palabras sencillas para que pudiera ser entendido por todo el mundo. Muy pronto se incluyó en la liturgia de la misa y compositores de todas las épocas lo han musicado, entre ellos Palestrina, Haydn, Vivaldi, Poulenc o Penderecki, por sólo citar unos pocos. Pero es la versión de Giovanni Battista Pergolesi la que ha perdurado y se ha interpretado en más ocasiones, incluso con traslaciones propias de, entre otros, Bach o Salieri. Cuando se habla de “Stabat Mater”, se piensa generalmente en ella. Estrenada en 1736 (el mismo año de la prematura muerte de su autor, a los 26 años), se compuso originalmente para dos castrados (la Iglesia prohibía a las mujeres cantar en las iglesias), y para orquesta de cuerda y bajo continuo. De alguna manera, esta obra barroca inicia el clasicismo del XVIII por el delicado equilibrio entre música sacra y teatral, la claridad de líneas y su sencillez estilística. Como podéis comprender hay decenas (si no centenares) de versiones, entre las que me gustaría citar las de René Jacobs y el Concerto Vocale, la de Harnoncourt o la de Negri (con Freni y Berganza). Pero, aunque no sea tan conocida, me encanta la de los Zürcher Sängerknaben (El coro de niños de Zúrich) con el niño soprano Jonah Schenkel y el contratenor Alex Potter, junto a la Baroque Orchestra Capriccio y la dirección de Alphons von Aarburg. El que escuchamos es el noveno de los doce movimientos que componen la obra, el Sancta mater, istud agas, un dueto en “tempo giusto”.

 

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