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Chelo y guitarra, la pareja perfecta

Consideradas entre las máximas aportaciones al repertorio pianístico español del siglo XIX, las doce Danzas españolas para piano, Opus 37 de Enrique Granados siguen siendo un enigma para los especialistas. Aunque es cierto que todavía no alcanzan la complejidad de Goyescas, por ejemplo, sorprende sin embargo la madurez y el virtuosismo en el manejo de los ritmos en una composición de juventud si es cierto, como el propio Granados afirma, que las escribió en 1883, cuando apenas tenía 16 años. Cuando las consiguió publicar en 1890, fueron todo un éxito a nivel internacional, y el autor catalán recibió elogios de compositores de la talla de Grieg, Massenet o Saint-Saëns, entre otros. Entre ellas, quizás la danza más conocida sea la número 5, un andantino, quasi allegretto, denominada Playera o, más comúnmente, Andaluza, debido a su evidente aire flamenco. Hay muchas versiones al piano de esta hermosa pieza, pero apenas se han escrito transcripciones para violonchelo y guitarra española. Por eso me gusta, entre otras razones, esta interpretación. Mientras, con una técnica impoluta, la francesa Anne Gastinel aporta un elegante aire español, pleno de matices en los adornos y rubatos, el argentino Pablo Márquez no se queda atrás y supera su mero papel de acompañante con un toque delicado, de virtuoso. Y si queréis más, os recomiendo la escucha del soberbio álbum “Ibérica”, donde se incluye esta danza, con obras de Falla, Granados y Cassadó.

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