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El destino de los exiliados

Viendo las terribles imágenes de los refugiados que huían de la guerra en Siria me volvieron a la mente las poderosas imágenes de la película Eleni, de Theo Angelopoulos, en las que, tras la llegada del Ejército Rojo a Odesa en 1921, los griegos que vivían allí han de regresar como deportados a su propio país. Ellos representaban a todos los perseguidos que huyen de cualquier guerra, dejando todo atrás y pensando sólo en salvar sus vidas. La película, de una bellísima factura contaba, además, con una banda sonora excepcional de Eleni Karaindrou (una de mis compositoras de cine favoritas), que reflejaba el sufrimiento de sus protagonistas sin caer en lo melodramático. Habitual en las películas de Angelopoulos, Karaindrou se supera en esta ocasión, creando un score basado en diversas variaciones en torno a un tema central, este The Weeping Meadow (El Prado que llora), combinando diferentes texturas e instrumentos -acordeones, violines o guitarras-, según el ambiente o la escena retratada. Sin olvidar su dolor, la música parece envolver a los personajes con una melancólica belleza y nos empuja a reflexionar sobre el trágico destino de los exiliados.

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