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Historia de una canción

Detrás de esta hermosa aria hay una historia que merece contarse. Compuesta por el guitarrista y compositor ruso Vladimir Vavrilov en 1970, al grabarla junto a otras piezas para el prestigioso sello Melodiya él mismo atribuyó su Ave María a un autor anónimo y el resto de sus composiciones a compositores renacentistas o barrocos. ¿La razón? Vavrilov pensaba que si decía que eran suyas, un compositor absolutamente desconocido, nunca llegarían a publicarse. Tres años después, tras la muerte de Vavrilov (de un cáncer y viviendo en la absoluta pobreza), uno de los músicos con quienes la grabó afirmó que era una pieza recién descubierta de Giulio Caccini, un oscuro compositor barroco del siglo XVI, quizás para darle más importancia y provocar que se interpretara en más ocasiones. Ya en 1987 el organista Oleg Yanchenko hizo un arreglo de la obra para la soprano Irina Arkhipova, y el aria se convirtió en un éxito mundial. Posteriormente la han grabado decenas de intérpretes (entre ellos Inessa Galante, LLoyd Webber, Bocelli, Westenra) e incluso se ha incluido en varias bandas sonoras, siempre atribuyéndola a Caccini. Entre todas las versiones que he escuchado me quedo con esta de la coreana Sumi Jo, una de las grandes sopranos de coloratura actuales, que la interpreta con una enorme delicadeza y en la que destaca su absoluto control sobre los agudos. Maravillosa.

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