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Las dos caras de Chilly Gonzales

Irreverente e inclasificable, el canadiense Chilly Gonzales se ha convertido en uno de los pianistas más sorprendentes de la última década. Nacido Jason Charles Beck (no me preguntéis el porqué del seudónimo) empezó a tocar el piano a los tres años de forma autodidacta viendo a su hermano practicarlo. Gonzales comenzó a tocar en bandas de rock alternativo hasta que, a los 27 años, dio el salto a Europa y se instala primero en Berlín y luego en París. En 2005 publica su álbum “Solo Piano” y desconcierta con una álbum de música intimista y delicada, con reminiscencias de Satie, que se convierte en un superventas. Inquieto e hiperactivo, colabora con bandas de rap y pop, remezcla y produce álbumes de otros artistas y consigue alcanzar el éxito con un tema dance, Knight Moves. Pero no para y sigue produciendo y componiendo temas para músicos como Peaches, Jane Birkin o Feist, con la que incluso realiza una gira, o colabora con bandas como Daft Punk. Excesivo y teatral -es habitual que en sus conciertos en solitario aparezca en pijama o con un batín de estar por casa-, se ha enfrentado en un “combate musical” con el pianista Jean-François Zygel y ha batido el récord Guinness del concierto de piano solo más largo (27 horas seguidas), entre otras excentricidades. Pero todo esto no debe hacernos perder de vista su gran calidad como compositor y pianista. El año pasado editó un nuevo álbum de piano en solitario, “Solo Piano II”, en el que muestra de nuevo sus grandes dotes y donde explora las posibilidades del instrumento. Como en este tema, White Keys, en el que a pesar de no utilizar las teclas negras, las que dan el sostenido y los bemoles, logra crear una gran melodía.

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