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La razón del canto

Afectado por los efectos de la Talidomida que tomó su madre durante el embarazo (y que afectó a miles de niños en todo el mundo), Thomas Quasthoff nació con graves malformaciones en brazos y piernas. A los 13 años, cuando quiso estudiar música, le denegaron la entrada en el conservatorio de Hannover porque “no podía tocar el piano”, un requisito para las admisiones. Su familia no se desanimó y le procuró clases particulares con la concertista Charlotte Lehmann, que le enseñó canto durante 17 años. Thomas adiestró su profunda voz de tal forma que hasta el maestro Dietrich Fischer-Dieskau alabó su estilo. Mientras estudiaba, Quastoff comenzó a trabajar en una radio de Hannover como locutor publicitario, lo que le dio cierta fama local. Siguió compaginando este trabajo con sus actuaciones, incluso cuando ya había recibido importantes premios y su carrera musical parecía lanzada. Finalmente, en 1996 decidió dedicarse sólo a la música y desde entonces comenzó a recibir más atención crítica, hasta llegar a convertirse en uno de los grandes bajo-barítonos de las últimas décadas. Su extensa discografía incluye interpretaciones de todos los grandes compositores (Bach, Mozart, Beethoven, Brahms), junto a los mejores directores de orquesta (Rilling, Abbado, Colin Davis, Haitink, Ozawa, Rattle…). Entre todos ellos, destacaría su maravilloso trabajo en la integral de los lieder de Schubert, con Daniel Baremboim. En los últimos años diversificó sus grabaciones con incursiones en el jazz (Watch What Happens, 2007) y el soul y pop (Tell it Like it Is, 2010). Aunque no está incluida en ninguno de dichos álbumes, esta soberbia versión de Moon River, grabada en 2007, da idea de su versatilidad y de la emoción que transmite en sus conciertos. Quasthoff se retiró prematuramente de los escenarios el año pasado por problemas de salud, aunque continúa dando clases de canto en Berlín.

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